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¿Pero tiene alguna utilidad pertenecer a la asociación de coaches ICF? Es una respuesta que se hace todo interesado en el coaching, ya que al comienzo encuentra un marketing que afirma que son la mayor asociación de coaches del mundo. ¿Es que son mejores por ser más? No, en absoluto. ¿Es que son buenos por tener un código ético? No, en absoluto. ¿Es que transmiten mejor el coaching a la sociedad en sus actividades? No necesariamente.

Hace un año muchos recordarán que compartí en este blog una disculpa a petición de la presidenta de ICF Mundial. Como comenté hace pocos días, una disculpa que venga forzada, que no salga de uno mismo, no ofrece sabiduría alguna. Muchas personas pensarán que “rectificar es de sabios” pero algunos ya hemos aprendido que sólo “rectificar a tiempo es de sabios”.

¿Servía para algo la disculpa forzada que me solicitaban? NO, porque no había nada de lo que disculparse, y era un mero formalismo para saciar el ego de ciertas personas. En ese momento un presidente de ICF me dijo: “es mejor que renuncies y que no te expulsen, y así podrás ir a cualquier evento de ICF sin ningún problema”. Intentaba dar lecciones de moral cuando después supe que se acostaba con una de sus clientas, la mayor falta profesional que se puede cometer ¿Se imaginan la cara que puse? Una en la que expresaba… si piensas que he hecho algo mal, pues lo demuestras y me expulsas, pero mientras no respondas a mis argumentos, tenéis impreso en la frente los valores de la antigua Inquisición Española.

Después de la expulsión comprobé como la ingenuidad es otra cosa mala en muchos coaches. No la de todos, por supuesto. Ni la de la mayoría. Sólo la de algunos que se creen que un código ético lo resuelve todo. Que no, que no resuelve nada. Porque al que es capaz de ganar miles de euros en poco tiempo haciendo una formación engañosa de coaching, le pones un código ético y gana más miles de euros. Que no va por ahí. Que va por dentro y los códigos nunca han arreglado las cosas por dentro. Cualquier persona normal se parte de risa llorona cuando estos de ICF nos dicen que son buenos porque tienen un código ético.

Después de un tiempo puedo afirmar que además de demostrar mala fe, falta de ética, y no saber ni escribir (como explicaba en “Primera regla del libro negro del coach: para decir tonterías, mejor guardar silencio”), tienen poca idea de cómo transmitir los valores del coaching. La entrada que demuestra la falta de profesionalidad que tienen algunos de sus presidentes ha tenido casi 10.000 visitas en cosa de dos meses, es decir más visitas que muchas páginas de sus capítulos locales en un ano. ¿Qué significa eso? Que las personas de ICF ignoran el impacto de las redes sociales. El haber expulsado a un miembro, basándose en pruebas falsas, con argumentos contradictorios, y con una simple votación popular que solo saciaba el interés de algunos socios, no es más que un camelo para novatos. Que todo sea dicho, personas sin experiencia, son el mercado en el que se especializan al buscar nuevos asociados.

Si necesitas pertenecer a un club, sin duda ICF es tu club. Un club en el que te podrás juntar a realizar la pregunta famosa de: ¿y cuánto cobras a tus clientes?, sin importarte de ninguna forma el proceso que se esté trabajando. Lo digo porque me la han preguntado muchas veces cuando estaba con ellos.

Pero para demostrar que sabes coaching y tienes valores no necesitas de ese club. En las BIG 5 de consultoría (Accenture Deloitte, Ernst & Young, KPMG, y PriceWaterhouseCoopers) no tienen preocupación alguna por las certificaciones de ICF, la mayoría de sus clientes ni saben lo que es ICF. Tampoco pertenecen muchas personas que han hecho crecer el mundo del coaching  y que no tienen ni la menor acreditación: Robert Dilts, John Whitmore, John Grinder, Timothy Gallwey, Tony Robbins, Karen Kimsey-House, Henry Kimsey-House, Richard Bandler, Bill O’Hallon, Thomas Leonard, Joseph O’Connor, Robert Hargrove, R. Echeverría, Andrea Lages,… Es sencillo comprobarlo en su web, pues lista torpemente a todas las personas. Es curioso que no sepan ni disimular los e-mails para cualquier robot informático, lo que expone a gritos a sus socios al SPAM.

Hay personas que no necesitan acreditación alguna, y no hay que ser especialista en marketing, para darse cuenta de que deberían ser ya miembros honoríficos. Como ya he apuntado en otras ocasiones ICF demuestra ser un simple negocio que prefiere cobrar la membrecía (cuota) y pensar que por eso son importantes. Es decir, ICF es la asociación del mundo que más “supuestos” coaches pagan una cuota, pero eso no implica que incluya a los mejores coaches del mundo. Digo “supuestos”, porque como ya he demostrado con pruebas que implicaban a uno de sus expresidentes, es sencillo conseguir que mientan y te recomienden para su certificación.

(continúa en la siguiente página)