¿Pero tiene alguna utilidad pertenecer a la asociación de coaches ICF?

Indispensable lectura de Jessica Buelga, en su artículo: “Dicen que ya no soy coach”… ¡y es que al no renovar la cuota le han dicho que ha dejado de ser coach (acreditada)! ¡A una psicóloga excepcional que lleva años utilizando la herramienta del coaching! ¿Pero realmente es necesario certificarse con una organización como ICF? Menciono literalmente:

“En fin, que dicen que ya no soy coach, y creo que después de contarte todo esto se reafirma mi idea de que nunca lo fui. Lo que sí soy es una profesional de la psicología, que aplica con el mismo rigor el código deontológico que el coaching como técnica en su día a día. Pero para eso, no hay certificaciones jugosas en el mercado…. de momento.”

Asi que, ¿tiene alguna utilidad asociarme a la International Coach Federation (ICF)? ¿La más grande del mundo? Es una respuesta que se hace todo interesado en el coaching, ya que al comienzo encuentra un marketing que afirma que son la mayor asociación de coaches del mundo. ¿Es que son mejores por ser más? No, en absoluto. ¿Es que son buenos por tener un código ético? No, en absoluto. ¿Es que transmiten mejor el coaching a la sociedad en sus actividades? No necesariamente. ¿Es que si no renuevo mi cuota cada ciertos años dejo de ser coach? Menos aún.

Hace un año muchos recordarán que compartí en este blog “Los 10 peores coaches que encontré en el mundo del coaching“, donde la lista asociados a la ICF era curiosa. Muchas personas pensarán que “rectificar es de sabios” pero algunos ya hemos aprendido que sólo “rectificar a tiempo es de sabios”, y la ICF siguen siendo una organización con ánimo de lucro (¿te han dicho que no?, pura mentira). En ese artículo fue listando algunos coaches que denuncié por malas prácticas, ¿y saben qué? ¡han ido siendo presidentes de ICF España! ¡La trama del coaching de ICF rotando con sus creyentes!

Después de la expulsión comprobé como la ingenuidad es otra cosa mala en muchos coaches. No la de todos, por supuesto. Ni la de la mayoría. Sólo la de algunos que se creen que un código ético lo resuelve todo. Que no, que no resuelve nada. Porque al que es capaz de ganar miles de euros en poco tiempo haciendo una formación engañosa de coaching, le pones un código ético y gana más miles de euros. Que no va por ahí. Que va por dentro y los códigos nunca han arreglado las cosas por dentro. Cualquier persona normal se parte de risa llorona cuando estos de ICF nos dicen que son buenos porque tienen un código ético.

Si necesitas pertenecer a un club, sin duda ICF es tu club. Un club en el que te podrás juntar a realizar la pregunta famosa de: ¿y cuánto cobras a tus clientes?, sin importarte de ninguna forma el proceso que se esté trabajando. Lo digo porque me la han preguntado muchas veces cuando estaba con ellos.

Pero para demostrar que sabes coaching y tienes valores no necesitas de ese club. En las BIG 5 de consultoría (Accenture Deloitte, Ernst & Young, KPMG, y PriceWaterhouseCoopers) no tienen preocupación alguna por las certificaciones de ICF, la mayoría de sus clientes ni saben lo que es ICF. Tampoco pertenecen muchas personas que han hecho crecer el mundo del coaching  y que no tienen ni la menor acreditación: Robert Dilts, John Whitmore, John Grinder, Timothy Gallwey, Tony Robbins, Karen Kimsey-House, Henry Kimsey-House, Richard Bandler, Bill O’Hallon, Thomas Leonard, Joseph O’Connor, Robert Hargrove, R. Echeverría, Andrea Lages,… Es sencillo comprobarlo en su web, pues lista torpemente a todas las personas. Es curioso que no sepan ni disimular los e-mails para cualquier robot informático, lo que expone a gritos a sus socios al SPAM.

Hay personas que no necesitan acreditación alguna, y no hay que ser especialista en marketing, para darse cuenta de que deberían ser ya miembros honoríficos. Como ya he apuntado en otras ocasiones ICF demuestra ser un simple negocio que prefiere cobrar la membrecía (cuota) y pensar que por eso son importantes. Es decir, ICF es la asociación del mundo que más “supuestos” coaches pagan una cuota, pero eso no implica que incluya a los mejores coaches del mundo. Digo “supuestos”, porque como ya he demostrado con pruebas que implicaban a uno de sus expresidentes, es sencillo conseguir que mientan y te recomienden para su certificación.

Llevo trece años trabajando para acercar las ventajas del coaching a la sociedad. He compartido cientos de artículos, escrito libros, ofrecido conferencias, incluso desarrollado una herramienta que sirve para dar los primeros pasos del crecimiento personal y saber cómo ser más feliz. En todo ese camino pensé que ICF podría ser un aliado, pero hoy, después de comprobar cómo miran sólo por su beneficio en vez aportar algo a la sociedad, no recomiendo a nadie que se asocie a ICF. Y no soy el único.

Es mejor asociarse a otras organizaciones que están trabajando directamente con Escuelas de Negocios, Universidades, gobiernos, o empresas de reconocido prestigio, para conseguir así una homologación laboral más profesional y reconocida. Muchas tendrán sus fallos, como todo en la vida, pero al menos no abusan de presumir en cosas en las que el coaching tiene una gran labor: apoyar a las personas a conseguir lo mejor de sí mismas, siempre en armonía con un conjunto de valores como lo son el respeto, la integridad o la honestidad, por mencionar algunos.

 

Y para que te rías de lo que dicen de ICF España…

Blog Pedro Amador

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