Relaciones tóxicas, ¿cómo superar una relación tóxica?

por | Ago 16, 2022 | Amar es para siempre, Coaching | 0 Comentarios

¿Estás en una relación tóxica y no sabes cómo salir? No es fácil superar una relación tóxica. ¿Has estado en relaciones tóxicas y no sabes cómo superarlas? Puede que hayas invertido mucho tiempo y energía en la relación, sólo para sentirte utilizado, maltratado y sin importancia. Pero es importante recordar que no estás solo. ¿Se pueden evitar las parejas tóxicas? Hay otras personas que han estado en tu lugar y han salido del otro lado. Estos son algunos consejos para ayudarte a superar una relación tóxica:

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¿Cómo es una relación cordial, sana o satisfactoria en los negocios?

En los negocios, suele haber menos confusión en torno a las expectativas y las funciones. Cuando dos agentes o empresas colaboran, suelen firmar un contrato de servicios en el que se definen los términos de su acuerdo. Esto ayuda a garantizar que ambas partes tengan claras sus responsabilidades y expectativas.

Mientras ambas partes cumplan con los derechos y obligaciones acordados, mantendrán una relación sana y cordial. Sin embargo, algunas irregularidades con cláusulas abusivas pueden definirse en base a la legislación vigente, tal y como se firmó el contrato. Sólo es tóxica, desagradable o insatisfactoria si alguien se sale de lo acordado (sobre todo con personas que se creen perfectas). De lo contrario, será una relación sostenible. Si en algún momento no se cumplen, se deben ejecutar las cláusulas pactadas y evaluar si es necesario cancelar el contrato (con las penalizaciones establecidas) o reformar y escribir alguna de las cláusulas ya acordadas.

Cuestiones no definidas previamente o que den lugar a malas interpretaciones deben ser resueltas en la magistratura correspondiente. Entonces, ¿qué es una relación sana entre dos o más personas? ¿Y una relación tóxica? ¿Se pueden evitar las parejas tóxicas? ¿Cómo es una persona tóxica en una relación?

Qué es una relación tóxica

Una relación tóxica es aquella en la que una persona es tóxica o perjudicial -física o emocionalmente- para la otra. Estas relaciones suelen caracterizarse por la falta de respeto, consideración y empatía.

La relación será sana siempre que todos respeten lo acordado, y no tendrá éxito cuando una o varias personas no cumplan con los términos que se acordaron al principio de la relación.

Por tanto el significado de tóxico en una relación o entender qué significa tóxico en una relación depende del acuerdo establecido inicialmente, y no se puede definir de forma generalizada.

Cómo son las relaciones tóxicas

Las relaciones tóxicas son generalmente caracterizadas por la violencia, el control, la manipulación, el aislamiento y la falta de respeto.

¿Sientes que tu pareja te controla, te manipula o te hace sentir insegura o inseguro? ¿Te sientes cansado, triste o solo? Si te sientes así, es posible que estés en una relación tóxica. Las relaciones tóxicas pueden ser muy difíciles de detectar, especialmente si estás enamorada o enamorado de tu pareja.

En el coaching sistémico se trabaja como si las personas fueran entidades y los contratos fueran acuerdos. Los acuerdos pueden ser verbales o incluso llegarse a formalizar por escrito, como es el caso de un matrimonio. La relación se rompe igualmente (un divorcio o ruptura) cuando una de las dos partes no quiere continuar el acuerdo, tenga o no motivos, siempre siguiendo las normas legales si es que el acuerdo se ejecutó legalmente (ej. Un matrimonio).

¿Dónde viene la confusión de algunas personas al trabajar en relaciones tóxicas?

La principal cuestión que se debe entender es que la felicidad o sanidad de las relaciones no depende de quien las juzga u observa, sólo depende del acuerdo establecido. En una formación de coaching de relaciones es la cuestión más difícil de aprender, y es que el coach debe siempre poner a las partes a trabajar en el acuerdo y las posibles mejoras que quieran aplicar, pero no ponerse a evaluar lo que las personas pactan de mutuo acuerdo.

¿Cómo prevenir una relación tóxica? ¿Cómo son las relaciones tóxicas? Pongamos un ejemplo que se encuentra en muchos casos y que se entiende como un amor tóxico (o pareja tóxica). Existen, y he podido comprobar en persona, muchos casos en los que se ha casado una pareja que tenía desde el comienzo necesidades bien distintas. Uno de los componentes quería tener hijos y la otra persona no. No es tóxico ni malo el querer tener hijos o no, pero sí es muy tóxico que se junten personas con necesidades básicas opuestas. ESO NO ES AMOR. Un amor se basa en un proyecto de vida a corto y largo plazo, basándose en un acuerdo en donde se establecen las condiciones necesarias de cada parte (o factores higiénicos, según la nomenclatura de Herzberg en la teoría de los dos factores). Si de primeras el acuerdo se forma sabiendo que en el futuro se va a incumplir, se está creando una relación tóxica desde el comienzo.

El amor puede dejar de ser tóxico si uno de los dos cambiara de opinión y decidiera que quiere la misma condición que su pareja. Si esa decisión es honesta, libre, y tomada sin presiones, entonces la relación pasaría a tener una condición de sana. Ojo, que puede que en un futuro se vuelva tóxica por otras circunstancias extraordinarias que se generen en el contexto. Tampoco olvides que muchas veces la gente que se cree más que los demás es la que habitualmente genera el mayor número de situaciones desagradables.

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¡TE ODIO! Encuentra en este post cómo tratar a la gente con odio.

¿Cuándo una relación es tóxica? ¿Cómo entender el significado de relación tóxica? Las relaciones son tóxicas en cuanto incumplen con el acuerdo que establecen las personas, y serán sanas cuando están las partes actuando y alineadas con el acuerdo. ¿Significa esto que en cuanto una persona incumpla algo de lo establecido en el acuerdo la relación se debe dar por tóxica o perdida? De nuevo la respuesta no es ni sí ni no, es lo que establezca el acuerdo.

Hay parejas que se rompen a la mínima infidelidad, otras que perdonan, y otras incluso que mantienen una relación abierta. ¿Es malo o bueno? Cada cual es libre, pero si alguien quiere ser profesional del crecimiento personal y profesional, lo primero que tiene que hacer es no juzgar en base a su experiencia, sino en base a los acuerdos que realizan sus clientes.

Si los clientes de la relación acuerdan odiarse, pelearse a puñetazos, amarse, tener sexo en las montañas, saltar en paracaídas juntos, mentir sin parar, ser infieles, cantar a coro en un karaoke, dar la vuelta al mundo en sentido contrario al que hizo Willy Fog, o dedicarse a vivir el sueño de sólo uno de los integrantes, por poner algunos ejemplos, es un tema que incumbe sólo a los que hacen el acuerdo. Los profesionales nos aseguramos sólo de generar acuerdos que tengan sentido y de que luego se cumplan… ¿o es que se nos ha olvidado el respeto por los gustos de las personas?

En las organizaciones algunas veces aparecen personas reptilianas, donde abunda el miedo como síntoma general y se generan organizaciones poco sanas.

En este video te explico qué son los vampiros emocionales y cómo evitarlos

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Cómo mantener una relación sana

Hay que aprender algo básico: no hay que buscar más, las relaciones perfectas no existen. Las hacemos nosotros perfectas, día a día.

Las relaciones interpersonales pueden ser reguladas por ley, por costumbre o por acuerdo mutuo, y son una base o un entramado fundamental de los grupos sociales y de la sociedad en su conjunto.

¿Quieres mejorar tus relaciones? Ahora es un momento maravilloso para que reflexiones cómo mejorar en tus relaciones interpersonales. ¿Son los demás los que siempre te hacen mal o eres tú el que los tener pánico? Empecemos por una sencilla historia... ¿En video o en texto? ¿Qué prefieres? Imagínate que cada día te llamo por teléfono al comenzar la mañana. Tras saludarte y desearte un buen día, te leo tu futuro mediante unas bonitas cartas del Tarot, gemas, o lo que más gustes. Conozco muchos métodos, todos infalibles. Te cuento durante tu desayuno todo lo que te va a ocurrir durante el día. No te preocupes, cada mañana podemos hablar, y estarás durante todo el día viviendo lo que te he pronosticado. Prometo que no descansaré y nunca me iré de vacaciones, estaré siempre a tu disposición cada mañana. Ya no tendrás que preocuparte más en tu vida, porque todas las mañanas sabrás cómo va a acabar el día.

Sería sencillo, ¿no?, al menos eso pensaba yo. Por más que vendo este servicio nadie lo compra. Aún no sé si es porque no creen en mis habilidades de adivino o porque simplemente les asusta la idea de conocer su futuro. Nadie quiere algo así, porque entonces parece que se limita la libertad de las personas. Alguien pensará... bueno, yo no quiero que me llames todos los días, pero sí alguno. No, no, eso es trampa, o todos o ninguno, es el trato. Vamos a rebajar un poco la tensión y crearé para ti otro servicio menos comprometedor. Cuando comiences una relación, me llamas por teléfono, y tras facilitar tu identificación, podré responder cuánto tiempo va a durar la relación. Te diré al instante si es la persona con la que pasar toda tu vida; el jefe del que más aprenderás sin problemas; el amigo que nunca te fallará, etc., o en cambio, si existe algún problema obvio que me hace saber rápidamente si esa relación fallará. Créeme, no fallo. ¿Esto te dejaría más relajado? Me temo que no, que a la mínima de cambio empezarías a pensar que me he equivocado en el pronóstico, o que cualquier otra cosa estaba funcionando mal.

No pasa nada, porque por más que queramos, las cosas pueden variar mucho, y en eso, el contexto ayuda mucho. Personalmente estuve cinco años buscando métodos que hicieran sencillo detectar si la relación que acabas de crear sería perfecta. Analizaba todos los factores (o condiciones), tanto necesarios como motivadores, que hacían compatibles cualquier pareja, e incluso, busqué reglas para su gestión dinámica. Son herramientas útiles y tras varios años de estudio, tengo experiencia en analizar gustos de una persona, y por extensión, de lo que pueden pedir a una relación. Pero hay una cosa que siempre se me escapaba de la ecuación, porque nunca me enseñaron a detectarla. Esa química especial que he sentido pocas veces en mi vida, las podría contar con los dedos de una mano.

¿Te has parado a pensar con cuánta gente nos relacionamos cada día? No estamos solos, aunque en algunas ocasiones nos gustaría, y la realidad es que estamos destinados a compartir nuestras vidas con muchas personas. Siempre me entristece pensar que hay demasiada gente que no se sabe relacionarse, y prefieren buscar la diferencia en vez de todo lo bueno que nos une. En la variedad está el gusto, siendo maravilloso que existan distintas culturas, religiones, idiomas, etc. Pero en vez de sacarle valor a esto, muchas veces, es un motivo de enfrentamiento, de peleas, e incluso guerras por el poder. Es triste, porque no suele haber nadie ni mejor ni peor, simplemente somos distintos. Cuanto más viajo por el mundo, más veo la necesidad de que todos despertemos, dejando a un lado la historia uniéndonos sin mirarnos por encima del hombro. Es cierto que es difícil, pero no es menos cierto, que lo tendemos a hacer más complicado aún si cabe. Siempre he pensado que hay una solución sencilla.

Tan sólo hay que inventarse una raza marciana de esas que salen en las películas y que vienen a invadirnos. Algo que sea de verdad, invasores del espacio, de esos malos, malísimos. Seguro que nos uniremos todos para que la especie humana siguiera adelante, y nos dejaríamos de historias ridículas sobre el que presume del lugar de nacimiento o de la clase social. Pero claro, entiendo que una raza avanzada de otro planeta, que consiga llegar al nuestro, seguro que tiene mejores cosas que hacer que asaltarnos sin sentido.

Personalmente me quedaría a unos cientos de kilómetros de distancia y vería cómo nos queremos pegar todos los días, en plan Gran Hermano. Seguro que me reiría muchísimo. Somos dueños de nuestra vida, de nuestras relaciones, de saber complacer a nuestras personas cercanas, de dar los buenos días siempre al despertar. Aceptemos el compromiso de querer cambiar para dar sentido a nuestra vida y trabajar nuestra felicidad, porque los marcianos no van a venir a arreglarnos las cosas. Eso es lo que me dicen las cartas del Tarot hoy. Sonríe.

Relaciones Interpersonales

Cómo superar una relación tóxica

No es fácil superar una relación tóxica. Después de todo, has invertido mucho tiempo y emociones en esa persona. Pero, ¿cómo superar una relación tóxica? Ahora es el momento de seguir adelante. Aquí hay algunos tips para ayudarte a superar una relación tóxica:

  1. Reconoce que la relación era tóxica y perdónate a ti mismo por haberte involucrado en la relación
  2. Tómate un tiempo para ti: después de una relación tóxica, es posible que necesites algo de tiempo para ti. No pasa nada. Dedica algo de tiempo a hacer cosas que te hagan feliz, y no te sientas culpable por ello.
  3. Habla con tus amigos y familiares, con tus personas cercanas: pueden ser un gran sistema de apoyo mientras superas tu relación tóxica.
  4. Busca ayuda profesional: si te cuesta sobrellevar la situación, hablar con un terapeuta, la ayuda psicológica es el mejor apoyo que puedes tener para superar una situación difícil.
  5. Date tiempo para sanar.

Por mucha conferencia de superación personal que se tenga es bueno aceptar que no es sencillo al comienzo. Tuve oportunidad de estudiar durante algunos años el mundo de los negocios. Allí se intenta medir todo, y continuamente mejorar la productividad. Durante los años 90, se habían perfeccionado los procesos de calidad, y las normas de auditoría nos llevaban a crear un mundo perfecto. Todos los procesos funcionando a la perfección y alineados con una excelente fabricación, siempre orientados a la mayor búsqueda de beneficios. Se perseguía sin tregua todo lo que se hacía mal, se analizaba, y se realizaba reingeniería una y otra vez, hasta alcanzar la perfección.

Afortunadamente, y tras comprobar el nivel de exigencia y estrés que abordaba aquello, surgieron nuevas tendencias a finales de los 90. Ya no consistía en intentar a toda costa mejorar todo lo que estaba mal, y castigar una y otra vez aquello fallido. Se comprobó que era más útil potenciar todo lo que se hacía extraordinariamente bien, y tan sólo intentar mejorar en lo posible lo que salía algo peor. Sencillo, ¿verdad? ¿Alguien se ha propuesto algo así en nuestras relaciones?

Quizás no nos hayan enseñado, pero tendemos a observar todo lo malo y eso tendemos a valorarlo por encima de lo bueno. Como se estudia en muchos cursos de ventas: “la confianza tarda mucho en ganarse, pero se puede perder en un instante”. Esta última frase tiene un fondo muy curioso: nos cuesta perdonar, y añadiría, que a algunos, aún más nos cuesta olvidar.

Bastaría un ejercicio racional muy rocambolesco pero curioso. Sería como un test para observar qué es bueno y malo en la relación. Debemos tomar un cronómetro en nuestra mano y un papel donde apuntar cómodamente. Durante ese intervalo de tiempo, por ejemplo 6 ó 12 horas, tenemos que apuntar (para saber cómo se mide el amor)  las sensaciones positivas y negativas que hemos tenido. Al final es bueno tener el valor de compartir con los demás ese intervalo con un amigo o familiar querido, si hacemos cuentas, veremos como en muchos casos apenas aparecen intervalos positivos. Pero curiosamente, habremos estado prestando más atención a lo negativo que a lo positivo.

Pero más curioso aún resultaría si tuviéramos un observador que apunta nuestra sensaciones. Los resultados suelen ser más divertidos, porque al encontrar mayor neutralidad, se encuentran aún más resultados positivos. Significa eso que ¿somos muy pesimistas? No lo creo, pero nos han enseñado a prestar más atención a los problemas que a las alegrías. Cuando se cambia el foco de atención, como he tenido oportunidad personalmente de hacerlo en los últimos años, todo se mira de forma diferente. Ahora no miro los problemas generalizando, sólo pienso que se han dado en un contexto determinado, y que la persona está llena de otros recursos maravillosos que me pueden aportar una gran sonrisa.

La Programación Neuro-Lingüística (PNL) aplica técnicas muy enriquecedoras que llevan al consciente qué observamos, qué aprendemos, y cómo actuamos. Hemos aprendido de forma muy rutinaria en la infancia, a pensar, respirar, sentir, querer, ¿realmente sabemos? En cambio, hemos aprendido con mucha dureza en la escuela a estudiar, repetir, acatar normas, …Es sencillo, no hacen falta muchos ejemplos de preguntas poderosas. A cualquiera si nos gusta un zapato, lo probamos, lo miramos un par de veces, y decimos sí lo compramos o no con cierta certeza (deja el gusto de algunas personas exigentes para otra reflexión). Casi nadie se para a pensar si el zapato se estropeara en poco tiempo, o si es el más adecuado de todas las zapaterías que se encuentren a unos kilómetros a la redonda (insisto, deja a un lado las actitudes compulsivas de algunos exigentes).

Dados los primeros pasos, si nos ha convencido medianamente, pasaremos el proceso al inconsciente y estos zapatos nos acompañarán hasta que un día decidamos que requieren alguna reparación o pasar a mejor vida. Pero nadie se deja la vida en pensar una y otra vez acerca del zapato en cuestión. Vivimos con tranquilidad y amor nuestra relación con los zapatos. En cambio, cuando vemos a una persona que puede ser de nuestro interés, y por tanto, futura pareja, nuestra cabeza no para de analizar y analizar. Comenzaremos con un proceso parecido al del zapato, donde de un rápido vistazo sabremos si nos encaja o no, y para muchas personas, puede ser suficiente para echar a andar.

Pero dados los primeros pasos, cada día se mira el zapato desde un nuevo ángulo, y no se para de pensar… ¿será el zapato que mejor me encaje? Hemos de reconocer que hace décadas no había muchos zapatos con los que compararse, pero hoy en día parece que es un ejercicio que hay que realizar a cada segundo. Peor aún, si no tienes los mejores zapatos, eres un fracasado (¡Glup!).

Estuve años buscando a la mujer de mi vida. Tomaba las medidas por un lado, por otro, me probaba sus zapatos, sentía su empatía. Caminaba, corría, saltaba y paseaba por el campo. Rompía los zapatos por algún sitio y esperaba saber cómo se reparaban rápidamente. Buscaba los zapatos que me hicieran sentir más cómodo, porque claro… ¡yo me merezco lo mejor!, y tenía una habilidad excepcional en buscar el fallo a cualquier zapato. Podía incluso descubrir en la distancia las incompetencias de cualquier conjunto de zapatos, y afirmar a ciencia exacta que aquello no tendría futuro.

Para mí las personas tenían factores necesarios y motivadores. Los necesarios serían todas las cosas que imperativamente se requería en la relación para que funcionara, y los motivadores aquellas que, pese a no ser necesarias, podrían ser un aliciente. Buscaba que no fumara, que fuera buena madre, que no se viniera abajo, que supiera disfrutar la vida, y un largo etcétera que nunca acababa de listar para que me no tomaran por obsesivo compulsivo (que sí, que en parte me encanta serlo)

Quizás tengamos que escuchar más lo que nos dicen los gurús, y aprender a vivir el momento. Pero a mi juicio, cuando se aprende por uno mismo, se aprende de verdad. Así que cuando volví a escuchar la frase… “andamos tan preocupados por controlar el futuro que nos olvidamos de vivir el presente”….me quedé pensando, ¿qué es lo que quiero controlar? Encontré una respuesta muy sencilla, y quizás a muchas personas les resuene en su interior. Sólo buscaba mirar a los ojos de una persona y sentir su más profundo latir del corazón, quizás, reflejado en una plena sonrisa de paz. Sencillo.

Se suele decir, que la mayor virtud está en saber estar en el término medio. Entre controlarlo todo y no controlar nada (sólo sentir), siempre hay punto medio en el que debemos saber gestionar el momento. Pero sin ansiedad, y con la tranquilidad de que podemos equivocarnos acerca del futuro, pero nunca de lo que sentimos en el presente. Planteado este cuento de hadas, podría ser un buen momento para cerrarlo e indicar: “vive el presente y siente con locura cada momento”. Mucha gente cerraría Internet muy feliz y se iría a su mejor amigo a decirle: “qué bien lo paso contigo… eres genial”, o a su pareja a decirle: “te quiero mucho, eres el motivo por el que me levanto todas las mañanas”.

Sería fantástico haber avanzado un paso así, pero también nos toca imprimir un poco de madurez y saber que somos personas que tenemos que vivir y gestionar ambos extremos. Además de la maravilla de sentir cada día, también es bueno pensar que las personas que nos rodean cumplan mínimamente nuestros factores necesarios. Pero en vez de esforzarnos una y otra vez en que cambien para que sean al 100% como queremos, potenciar lo que mejor resuena de la otra persona y prestar la menor atención posible a lo que nos disguste.

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