¿Os habéis parado a pensar cómo se percibe la realidad? Personalmente nunca había prestado mucha atención, hasta después del grave accidente que sufrí años atrás, donde comencé a ser un poco más consciente del proceso. Durante muchos meses tuve que aprender de nuevo tareas sencillas que se realizan a temprana edad, y me obligó a atender un poco más a cómo funcionan algunos de mis procesos neuronales. Había leído mucho sobre el tema años atrás, pero como nunca me hicieron prácticas de lo que aprendí, creo que nunca llegué a entender lo que estaba estudiando. Voy a compartir, de forma sencilla, algo de lo que pude poner en práctica a raíz de mi experiencia, y que me ha servido para comprender mejor la vida.

En psicología existen multitud de estudios, y los especialistas nos explican muchos niveles para entender el interior de las personas. Sé poco sobre el tema, pero permitirme ofreceros mi sencilla visión, que para ser franco, me hace entender mis percepciones muy bien. Compruebo muchas veces que ni los psicólogos se ponen de acuerdo en algo tan básico, pero dejemos los detalles para otro momento.


Seamos prácticos, y veremos que son tres niveles los que considero que tiene nuestra mente cuando se enfrenta a la realidad:

  • Consciente, que como su nombre indica, es todo lo que sentimos con pleno uso de sentidos y facultades. Por ejemplo, es sencillo sentarnos cerca de una mesa y poder palpar el material del que está hecho. Quizás sea madera, o tenga un cristal por encima, pero detectaremos rápidamente que nuestro cerebro sabe distinguir y palpar su superficie.
  • Inconsciente, que se sale de nuestros actos, y se realiza automáticamente. Baste el ejemplo de respirar, que todos sabemos hacer de forma consciente. Podemos llenar ahora nuestros pulmones de aire y sentirlo en nuestro interior. Después lo vaciaremos sin problemas. Sin duda, es algo que hacemos tan habitualmente, que se realiza de forma automática, es decir, inconscientemente. Pero todo lo que hagamos inconscientemente, podemos llevarlo al consciente y sentirlo sin problemas.
  • Subconsciente, indica el diccionario que se refiere al estado inferior de conciencia en el que, por la poca intensidad o duración de las percepciones, no se da cuenta de estas el individuo. Pero la verdad, es que cuando miro esta definición ni soy capaz de comprenderla en su justa medida. Así que prefiero explicarlo como la parte de nuestro interior que tiene nuestros gustos más profundos, nuestro ser más oculto. Por ejemplo, están cosas tan peculiares como por qué me gusta más el color azul que el color rojo (por poner un ejemplo personal).

En estos tres niveles no es difícil entender las distinciones marcadas. Ahora bien, ¿cómo funcionan en su interior?, ¿cómo se engrasa toda la maquinaria? Creerme, bajo mi actual punto de vista, es sencillo de explicar a cualquier persona, pero difícil de gestionar.

Pedro Amador - Experto en comunicación
Para empezar el consciente se educa en todos los procesos formativos que tenemos a lo largo de nuestra vida. Es la parte más racional, y la que se apoya en las cosas materiales y más contrastables con los demás. Por ejemplo, una mesa no tiene nombre hasta que otra persona comparte contigo que se llamará así, mientras tanto, no deja de ser un objeto cualquiera. Cuando se comparte eso, cada persona del grupo la identificará con una serie de características que también se podrán en común. Se hablará de mesas altas, de colores, de varias patas, etc., según los atributos que nuestro entendimiento llegue a disponer. Evidentemente, para un albañil, una mesa tendrá mucho más significado que para los demás, y de ahí radica la importancia del grado de formación en la materia.

El inconsciente completa nuestro lado racional, y a fin de cuentas, no es más que un consciente funcionando con el piloto automático. La gran tristeza es que cada vez hacemos funcionar más cosas en modo automático, y dejamos de incorporar nuevas actitudes para entender mejor las cosas.

El subconsciente fue la parte más complicada de entender con mi formación base de ingeniero, y a la vez, la más interesante de sentir. ¿Cómo describir los gustos cuando es una de las cosas más diversas que se pueden encontrar? ¿Qué nos hace sentir atracción hacia una persona que otras personas pueden incluso rechazar? Necesité meses de exploración personal para darme cuenta de cómo nuestro cerebro está lleno de emociones, positivas, negativas, y neutras, que construye a lo largo de nuestra vida.

Tras el accidente que sufrí, perdí gravemente muchos de mis recuerdos, en lo denominado técnicamente, una pérdida parcial de memoria con daño axonal difuso. Había partes de mi cerebro que habían sufrido desconexiones, y tenía recuerdos perdidos. Algo parecido a lo que ocurre cuando una región sufre un grave terremoto, y después, aparecen muchas viviendas incomunicadas con carreteras levantadas o dañadas. Hasta que no se restablece la carretera o se forma un camino alternativo, esa parte –o en el caso de mi cerebro, un recuerdo- queda incomunicada.

Lo más peculiar de esta historia es lo que le ocurre a mi cerebro cuando le bombardeo a recuerdos del pasado y llego a regenerar las carreteras estropeadas. Al comienzo eran grandes calambres, asociados de numerosas sensaciones emocionales que se evocaban en mi cuerpo en cuestión de milésimas de segundo. Recordaré siempre el momento en el que, viendo fotos de un amor anterior a la que quería con locura, llegó a mi corazón la sensación del amor. Fue un punzón de energía emocionante, que me trajo al presente la sensación de amor hacia mi antigua pareja en un fuerte impulso momentáneo.

De forma inusualmente práctica, encontré que cada recuerdo que generamos está unido a un conjunto de emociones, positivas o negativas. E incluso neutras, cuando nos generan indiferencia. Es lo que llamaré en lo sucesivo, las sensaciones positivas, negativas o neutras, asociadas a cada momento, y que se generan de forma automatizada. En nuestra infancia, ya desde bebés, empezamos a sumar este tipo de emociones, y comenzamos a confeccionar nuestros gustos de la forma más inconsciente del mundo. Quizás el mimo que nos hizo un familiar nos gustó y nos hemos quedado con el sonido que escuchábamos mientras. Quizás la voz de nuestro profesor de primaria se asoció a un tono maravilloso porque nos hacía reír continuamente. O quizás recordemos el color rosa que tenían las paredes de nuestro cuarto que nos acompañaba al descansar en nuestra querida cuna.

Nuestros actuales gustos vienen, por decirlo de alguna forma, como sensaciones formadas del pasado. Si comprobamos cada preferencia que tenemos, podremos observar si predominan las sensaciones positivas o negativas, para saber si algo nos gustará o no. Las neutras, como os podréis imaginar, simplemente se reciben, pero no repercuten para generar la sensación. A partir de un montón de estímulos, que van aportando un conjunto de sensaciones, nos permitirán identificar a futuro, aquellas cosas con las que nos sentimos más o menos a gusto.

Nuestro cerebro es un sistema muy complejo del que todavía tenemos poco conocimiento, por lo que preguntar el motivo de cada uno de nuestros gustos o preferencias, puede ser un ejercicio complicado y requiere mucho entrenamiento. Tras haber perdido muchos recuerdos por el accidente, tuve ocasión de trabajar en recobrar muchos de ellos, uno a uno. Con cada foto que veía, traía a mi consciente la mayor información posible, para así conseguir recuperar todo lo posible. Cuando te llegan emociones pasadas es bueno pensar en qué te fijas, qué las rodea, y sobre todo, qué sentías en ese momento. Así, intentaba comprender cada emoción positiva o negativa que tenía, y qué implicaciones tenían en mi momento presente.

Os compartiré un pequeño ejemplo. Siempre he dicho que me gustan con locura las mujeres de ojos azules, aunque nunca llegaba a entender el motivo. Evidentemente, desde un punto de vista racional, tampoco es tan relevante el color de ojos, así que, ¿cuál era el motivo de tal preferencia? Después de mucha exploración, la explicación procedía del color azul de mis dos hermanas mayores, a las que quiero con locura. Probablemente, desde la cuna, eran los ojos que más veía, y siempre me cuidaban con cariño, generándose un montón de sensaciones positivas.

Cualquiera puede pensar ahora… ¡vaya tontería! ¡Ni te acuerdas de cosas así de cuando eras pequeño! Totalmente cierto, igual que tampoco recordamos cómo aprendimos a andar. Pero si nos hubieran grabado en video desde el momento en que empezamos a aprender a andar, habríamos podido observar todo un proceso parecido de aprendizaje a base de prueba y error, en donde los estímulos negativos eran los golpes con el suelo. Estuve un año entero reconstruyendo mi vida pasada, y os puedo asegurar que comprendí cómo se habían formado muchos de mis gustos, aunque no siempre todo es tan sencillo.

Por si fuera poco, el contexto influye mucho en el momento en el que se incorpora esta sensación. He podido conversar con otros especialistas y me enganchó la idea que me transmitieron de Alain de Botton, que indica que nuestra primera sensación se hace la más potente de todas. Así por ejemplo, el primer sitio en el que aprendamos a andar, será identificado para siempre como nuestro hogar. Seguro que eso explica por qué me gusta mucho que donde viva haya madera, porque comencé a andar sobre un parqué en mi primera casa de Madrid. En cambio, me horroriza que el suelo sea de mármol, por muy lujoso que se pueda comprobar.

No sólo cuenta la primera impresión, varios estudios (que datan del año 2007) demostraron que en algunas relaciones como el amor, paralelamente a la activación de algunas áreas cerebrales, ocurre también una desactivación de circuitos responsables de emociones negativas y evaluación social. Vamos, que cuando nos enamoramos, apagamos un poco nuestra máquina de tener sensaciones negativas, y eso explicaría por qué “el amor es ciego”.

Quizás no podamos recordar la primera vez que empezamos a andar, nuestra primera papilla, o el primer juguete que cayó en nuestras manos. Pero seguro que podemos recordar un montón de cosas de nuestra vida adulta, como por ejemplo el primer beso de amor, nuestro primer contrato laboral, o la primera vez que comenzamos a conducir. Si analizamos con calma esos momentos, podremos sacar un montón de información de nuestras preferencias. Los primeros momentos, siempre marcan mucho nuestra posterior forma de relacionarnos a futuro. Como se dice comúnmente, “la primera impresión es la que cuenta”.

Estímulos positivos y negativos, sumados en conjunto, para entender nuestros gustos emocionales. Debemos mantener esa idea en la cabeza, porque será importante reprogramar algunas ideas con estímulos inversos a los que tenemos si queremos reprogramar algunos gustos. ¿Se puede hacer algo así? Claro que sí, aunque nunca olvidemos que no somos sencillas máquinas a las que se les cambia el sistema operativo sin problema, aunque más de una vez, reconozco que me encantaría.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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