– Sí, sólo tiene que ampliar sus horizontes, mirar con pasión la vida, y saber que puede alcanzar todo lo que se proponga – le indicó el coach con cariño.

– ¡Excelente!, ¡me lo imaginaba!, y me alegra que me comparta esto – le apresuró a decir el cliente (o coachee como lo llaman algunos que practican los barbarismos).

– La vida puede tener algunos altibajos, pero proponerse grandes retos es la materia prima fundamental para darle sentido a la vida.

– ¡Claro que sí! ¡Siempre se lo decía a mis padres! Yo quiero ser rey.

– Bueno, pero hay que plantearse retos alcanzables, y que además estén en armonía con el Universo, ¡vamos que no sean tóxicos!

– ¡Por eso coach!, ¡Yo quiero ser rey!, he nacido más guapo que muchos, con cara de menos tonto, y creo que hablando idiomas soy todo un crack.

– Ya, ya, ya no insistas,… ¿cómo crees que podrías llegar a ser rey?

– Pues soñando que soy rey, ¿no? Usted ya me dirá el resto, ¿no?

– Bueno, sólo soy un coach, sólo te acompaño en el camino, ¿qué pasos crees que podrías dar para conseguir ser rey?

– ¿Qué me quiere acompañar? ¡Claro!, si supiera lo que hay que hacer para ser rey… ¿cree que le estaría preguntando? ¿Pero no me ha dicho que empezara a soñar? ¡En qué quedamos! ¡Mira que ya me está quitando la ganas de tener un imperio!

– ¿Y cómo te sientes ahora?

– ¡Pues genial! ¡Ya sabía yo que no iba a decirme cómo conseguir mi sueño!

– ¡Tú tienes todos los recursos! ¡Claro que puedes conseguirlo! – le repitió el coach.

– ¿Pero no me ha dejado caer antes que ese sueño era tóxico? ¿En qué quedamos?

– Quizás me expresé mal. Indiqué que todos los sueños se pueden alcanzar si ponemos la energía suficiente para ello.

– Ahora le voy entendiendo. Me gustaría viajar en el tiempo.

– Veo que cambias de sueño… ¿qué te aporta este cambio en tu vida?

– Quizás me expresé mal -le respondía el cliente-, indiqué que quería viajar en el tiempo para transformarme en el óvulo o espermatozoide que acabara en rey. ¡Claro que voy a ser rey!

– ¿Y cómo te sientes ahora que tienes un propósito en la vida?

– ¿Se refiere a que ya me he dado cuenta de que no puedo ser rey?

– ¿Qué te aporta esta nueva perspectiva?

– A mí placer, ahora bien, nunca entenderé por qué le pagan a usted por perder el tiempo de esta forma – le espetó el cliente.

– No creo que estemos perdiendo el tiempo, tan sólo conversamos de tus sueños.

– Claro que no perdemos el tiempo, porque usted todavía piensa que podría ser un rey… ¡y es cree que todo es posible!

– No creo haber mencionado que pudiera ser un rey, así que volvamos a tu sueño – le reafirmaba el coach.

– ¿Mi sueño? Ahora creo que lo he vuelto a cambiar. Deseo que apaguen las luces y que cuando se vuelvan a encender no se encuentre aquí.

– Eso llevado a una metáfora, ¿qué animal te sugiere?

– Mmm… me gusta esa pregunta, ¡se nota que es poderosa!, creo que… podría ser un mono.

– ¿Dónde visualizas al mono?

– En el trono de un rey, junto con el despertador que le va a indicar que esta sesión se ha acabado y que por fin puede volver a creer en los sueños imposibles.

– ¡Tienes razón!, hemos llegado al final de esta sesión.

– Claro coach, y por eso tengo claro que la próxima vez iré a ver al mono, que al menos me sonríe cuando le doy cacahuetes. ¡Muchas gracias!

– Muchas gracias, nos vemos en la próxima sesión – comentó el caoch.

 

… ¿se rieron? … Cosas así pasan en el día a día. ¡Si es que aquí todo el mundo es coach! ¿Alguno se atreve a decirme que no puedo ser rey?

 

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