Es una realidad que hay personas con la costumbre de coleccionar cosas. Los hay que coleccionan sellos, figuritas de decoración, cromos, o incluso a algunos ricos les gusta coleccionar coches y cuadros. Les compartiré que de pequeño me encantaba coleccionar Pitufos (llegué a tener casi 200), e incluso una temporada coleccionaba gomas de borrar (¡glup!). Después pasé a coleccionar revistas, o enciclopedias temáticas que había que comprar semana a semana.

Pero, ¿se han parado a pensar qué hay detrás del deseo de coleccionar? Yo lo hice después de algunas mudanzas, en donde siempre empaquetaba las mismas cosas. Tardé tiempo en comprender que remolcaba cosas de un sitio a otro. Observé una extraña necesidad de estar arrastrando mi pasado allí donde fuera.

Un día decidí vivir con lo que me aportara valor. Ya no hacían falta los apuntes de la universidad, ni los del máster, pues está todo en Google. Ni guardar fotos en papel, porque se podían escanear sin problemas y pasar a acompañarme digitalmente. Me liberé y tomé la decisión de moverme de un sitio a otro con mi portátil y alguna cosilla de ropa fundamental. Como excepción, incluyo un bonito cuadro del Principito que me pintaron y que siempre acompaña la pared en la que duermo. No se imaginan el peso emocional que se quita uno de encima. En mi vida necesito estar rodeado de personas que me aporten valor, y no de objetos que los tenga que arrastrar de un lado a otro por el simple hecho de que me han acompañado desde la infancia.

Desde hace pocos años, con el aterrizaje de las redes sociales, llego una nueva colección muy deseada: los amigos. Cuando empecé con las redes sociales, comprendí rápidamente que me encantaba eso de hacer y hacer amigos. Con esmero, todos catalogados por procedencia, profesión, y si eran amigos, conocidos o saludados.

Incluso, desde hace poco tiempo, comprendí la curiosa necesidad de algunas personas de tener ¡fans!, donde miles y miles de personas, pueden poner cosas para elevar su ego y así sentirse un poco más aceptados socialmente. Seguro que algunos habéis escuchado a alguien decir: “ya tengo más de 5.000 amigos en Facebook y ahora me he pasado a una página de fans”, entonado entre sonrisitas.

Les traduzco la frase: “ahora colecciono amigos, pero la verdad, no les suelo prestar mucha atención”. Es la realidad, algunos incluso convierten la página personal de Facebook a una página de fans y luego se crean un perfil oculto que sólo lo facilitan a sus personas más cercanas. No lo critico, pero en las páginas de fans no te pueden mandar e-mails, ni tampoco se pueden agrupar a tus amigos por profesiones o grados de intimidad. Para páginas de fans, prefiero que me sigan en Twitter (donde puede haber millones y millones) o en mi blog de www.pedroamador.com.

Pero mis amigos, conocidos y saludos… ¡no más de 5.000! ¡Por favor, no tengo más capacidad! Todos los días les felicito personalmente su cumpleaños, y me gusta saber que algunos entran y salen de mi vida porque es ley de vida. Prefiero no coleccionar nada, y mucho menos amigos. Los que son en Facebook, lo son porque están cerca de mi vida. Por cierto, me encuentras en… LinkedIn, Facebook, Twitter … ¡y en muchas más redes sociales!

Muchas gracias a todos por compartir, ¡sois los mejores!

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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