Pedro, ¡claro que sí!, ¿cómo puedes decir algo así? ¡Querer es poder! Tranquilos, no me he vuelto loco. Pero hay que empezar a indicar los mensajes incorrectos que nos meten en la cabeza. Quiero empezar una nueva serie que ponga encima de la mesa algunas creencias (ya sean limitadoras o potenciadoras) con las que nos levantamos todos los días y que defendemos sin ser realmente ciertas al 100%.

Me encuentro muchos días a personas emocionadas que han leído El Secreto (The Secret) y comentan que ha marcado un punto de inflexión en su vida, ya que parece que proyectar sus deseos les lleva a conseguir todo lo que se proponen. Siento decirlo, pero decir sólo “querer es poder” es un auténtico engaño. Al igual que en matemáticas, baste un contraejemplo: “todos los días me levanto y quiero viajar en el tiempo”, y día tras días, proyecto ese pensamiento. ¿Piensan que lo voy a conseguir?

Seguro que algún apegado a la creencia, dirá que seguro, que en el futuro se podrá viajar en el tiempo, y que no deje de intentarlo. Alguien aún más fino, me dirá que los deseos tienen que ser siempre cosas que no vayan contra la propia naturaleza. Bueno claro, ¿y qué es realmente lo imposible entonces? Algunos incluso, en una nueva vuelta de tuerca, dirán que es mejor basarse en la “ley de la atracción” en donde atraemos a nuestra vida todo aquello que deseamos. Sobre esta nueva doctrina filosófica prefiero reservarme para otra entrada, pero ya adelanto que de ser verdad la ley de la atracción, me serviría para definirme como una auténtico masoquista que disfruta con las peores vivencias que se le pueden imaginar a un ser vivo (ver algunas aquí).

El problema real consiste en que muchas personas, empeñadas en que querer basta para conseguir algo, pueden llegar a sufrir una depresión cuando tras mucho tiempo, no consiguen eso que han deseado. Querer las cosas está muy bien, pero primero hay que pensar si lo que queremos tiene coherencia, no implica ir contra la naturaleza (la física o la de las preferencias de las personas que nos rodean), y está ligado a un conjunto de cambios (que incluso puede que por problemas del contexto, no consigan llevarnos a nuestro objetivo).

¿La solución? Empezar a hablar bien, y decir “querer es un requisito para poder”, porque eso sí es real como la vida misma. No olvidemos la importancia de ser congruentes entre lo que sentimos/pensamos, decimos y hacemos (ver aquí). ¿O es que vamos a vivir engañados?

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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