Me encanta estar a la moda, siempre me ha parecido que había que ser cool para que la gente nos mire con mayor asombro. Observo mucho y tomo aquellas tendencias que parecen más interesantes. Ahora veo que lo último de lo último, lo que resulta ser más in, y que levanta pasiones, es sin duda quejarse. Echar la culpa a todo el que se mueva, y no parar de regalar lindas palabras a todo el que nos rodee. Así que me voy a aplicar el cuento, y como a me gusta demostrar que hago las cosas bien… ¡pues voy a quejarme! ¿Me acompañan?

Primero quiero mencionar que estoy hasta las santas narices del actual Presidente de Gobierno que nos ha hecho hundirnos en una de las mayores crisis. Pero me parece un aburrido el que puede llegar ahora, y además tengo la sensación de que nadie le votará por lo bueno que sea, sino por lo malo que es el actual. Pero ahora que lo pienso, también me repugna el anterior, porque parece que no hizo nada para prever todo lo que está pasando ahora. Y ya puestos, me da asco, el anterior del anterior, porque parece que se parecía a todos los demás. Para no bajar el listón, extiendo la queja a todo el que haya gobernado hasta la fecha en mi país, y supongo que así habré llegado a la época prehistórica.

También estoy aburrido del banco que me atiende, porque ahora no me quieren prestar dinero y en cambio me siguen cobrando hasta por respirar. Del otro banco en el que también tengo mis ahorros, me voy a quejar también, porque en vez de saber aprovechar la oportunidad de un nuevo cliente, dicen que mi histórico aún no es el debido. También de paso me quejo del Ministro de Economía, por no saber explicar a los bancos cómo tienen que tratar a un cliente. Ahora que lo pienso, me parece que el Banco Central Europeo también es un maldito desastre porque no paran de intentar salvar a países con los que simplemente se está especulando. Mejor sería que les despidieran a todos, y que nos embargara algún paraíso fiscal donde parece que siempre hay dinero. Por cierto, el Fondo Monetario Internacional creo que también es culpable de que el banquero que me atiende no quiera darme dinero, así que me temo que son lo peor de lo peor.

De mi jefe mejor no digo nada, porque puede que me esté escuchando. Pero también me parece un desgraciado que no tiene ni idea de lo que hace, y supongo que ha llegado al puesto porque conoce a alguien. La empresa estaría mejor si le despidieran de una maldita vez, y se fuera al circo, donde encontraría un lugar para sus tonterías. De paso, que cambien a todo el departamento de finanzas por retrasarse en mis pagos, y a los de recursos humanos por contratar a tanto payaso. En mi empresa son unos vagos, y da vergüenza que se paseen tan tranquilos.

Esto está lleno de imbéciles, y mejor no sigo porque no acabo nunca… ¡estoy rodeado de subnormales que no paran de decir tonterías! ¿Pero es que nadie mira el periódico que siempre leo para entender qué está pasando en el mundo? Hasta que no me hagan caso de una santa vez, no vamos a salir de esta.

 

Ahora en serio… ¿les es familiar algo de lo que han leído? ¿Verdad que apetece salir con unos tapones en los oídos para no tener que escuchar tanta queja? Todos tenemos algo de responsabilidad, porque en vez de atender a lo que nos están diciendo y cortar de la mejor forma, echamos muchas veces más leña al fuego. Reconozco que en el pasado he sido un especialista, y me costó un poco aprender a dejar de quejarme. Quejarse es gratis, no requiere pagar impuestos, y puede hacerse todo el día. Es divertido para desestresarnos unos minutos, pero continuar en la queja de forma continua… sólo implica ganarse una enfermedad de por vida.

¿Quieren estar sanos y vivir más años? Conviertan sus quejas en energía para la acción… ¡YA!

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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