La ostentación incluye que te vanaglorias y muestras una magnificencia al exterior. Esa es mi sensación cuando veo últimamente a Ana Botella, la alcaldesa del Madrid donde nací, que se presenta ahora al Vanity Fair y Telva como la reina del mundo (ver aquí). Lo hace en uno de los edificios más bonito que tiene Madrid, y que ha sido siempre la oficina postal de Correos (hasta que llegó Gallardón, al que tengo que reconocer que voté años atrás antes de que se quisiera convertir en Faraón).

Esta alcaldesa generada de rebote (porque aunque a mucha gente le guste, no lo es por méritos propios, lo es porque al anterior alcalde se ha ido a ejercer de ministro todo-poderoso), se le ocurre la estupenda idea de irse a un SPA de lujo de Portugal a relajarse porque tenía estrés al gestionar el evento de Madrid Arena, donde murieron 4 jóvenes en una situación que demuestra que no existe control alguno de los recintos públicos. En este caso además, no pueden culpar a nadie, pues el partido que representa lleva años y años con el control absoluto de Madrid. ¿Les parece correcta esta ostentación?

Retengan esta foto en la mirada, ¿merece la pena posar así en un país que está siendo la vergüenza pública mundial por sus desmadres económicos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quería dejar unas líneas intencionadamente. Marcar un espacio bien grande entre la ostentación de Ana Botella, y el saber estar de este Presidente de Uruguay donde ahora tengo mi residencia, José Mújica, de casi ochenta años, y que demuestra que tiene una humildad extrema. No necesita mudarse al Palacio Imperial y continúa en su casa con su querida perra y sus pocas pertenencias. Por si fuera poco, el 90% de su salario está donado a la caridad. Vean este video para la BBC, que no tiene ni un segundo de desperdicio.


Tras la entrevista, se le preguntó por estas circunstancias y estas fueron sus palabras:

“Yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre.

Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero solo para poder ser rico.

Quiero tener tiempo para dedicarlo a las cosas que me motivan. Y si tuviera muchas cosas tendría que ocuparme de atenderlas y no podría hacer lo que realmente me gusta.

Esa es la verdadera libertad, la austeridad, el consumir poco.

La casa pequeña, para poder dedicar el tiempo a lo que verdaderamente disfruto. Si no, tendría que tener una empleada y ya tendría una interventora dentro de la casa. Y si tengo muchas cosas me tengo que dedicar a cuidarlas para que no me las lleven.

No, con tres piecitas me alcanza. Les pasamos la escoba entre la vieja y yo y ya, se acabó.

Entonces sí tenemos tiempo para lo que realmente nos entusiasma.

No somos pobres”.

El día que un solo político de España me demuestre la grandeza que tiene este señor, empezaré a sentir algo por el país donde nací. Mientras tanto, en pocas semanas espero poder hacer una foto a nuestro recién nacido hijo uruguayo, Nicolás, con este presidente que tiene. Con la foto le recordaré en un futuro lo que Ana Botella desconoce: la ostentación de los ricos a los pobres fue uno de los detonantes de la Revolución Francesa.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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