Suena tan real como una fórmula matemática. Pero es una creencia que llevo digiriendo varios años y que me estoy replanteando en los últimos meses. Me ha llevado a superar muchos obstáculos, porque cuando algo malo va a ocurrir, entonces pienso aquello de… ¡todo tiene solución menos la muerte!

Aunque he observado que tiendo conscientemente a alejarme de todo aquello que me puede ocasionar la muert, (es la pura defensa del cerebro reptiliano). Cuando uno se acerca a un barranco, simplemente evita acercarse al borde para no caerse.

Ahora bien, y aquí viene la reflexión, ¿y si nunca me hubiera arriesgado?, ¿y si nunca hubiera jugado con fuego?, ¿y si nunca hubiera hecho algo prohibido? Seguro que no me habría caído por ningún barranco, ¿pero habría tenido alguna gracia vivir una vida tan aburrida? ¿Habría tenido algo que contar a mis futuras generaciones? ¿Habría sido feliz?

Al final, siempre recuerdo a los clásicos, y es que la virtud consiste en saber dar con el término medio entre dos extremos (Aristóteles). Ni hacer el loco todo el día, ni llevar una vida alejada de cualquier emoción. ¿Cómo saber encontrar ese término medio? Ese es el gran secreto que tenemos que descubrir cada uno, pero siempre con una premisa fundamental: la vida es un regalo, y no saber disfrutarla, es mucho peor que estar muerto.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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