No sé mentir: no me gustan las mentiras

por | Jun 3, 2011 | Reflexiones de la Vida | 0 Comentarios

Cuando algo me gusta, lo digo, y cuando no me gusta también. No se mentir, las mentiras no me gustan, ¿qué se puede hacer si no me gustan las mentiras? La verdad es una de las cosas más importantes en la vida. Sin ella, las relaciones se vuelven tóxicas, las amistades se rompen y la confianza se pierde. A veces es difícil saber qué hacer si no te gustan las mentiras, pero aquí están algunos consejos que te ayudarán a lidiar con ellas.

No me gustan las mentiras, es la realidad. Es importante conocer la diferencia entre hipocresía y doble moral. He tardado muchos años, pero me temo que ya encontré el problema que tengo en algunas relaciones, ya sean profesionales o personales: no sé mentir y no me gustan las mentiras. Comúnmente dirían que me falta tacto o que digo las cosas muy directamente. Así que siguiendo los consejos populares, para saber decir las cosas mejor, aprendí habilidades de coaching y PNL. Tras unos años he comprobado que el problema no es la falta de política.

Las mentiras no me gustan

Sigo creyendo que la mentira es el arma de los cobardes. La dificultad que me absorbe es que no tengo ni idea de cómo mentir, y cuando me junto con alguien que no soporta que le digan verdades a la cara, pues comienza la disputa. Una disputa que pasa por varias fases, desde la falsa sonrisa inicial, hasta el desenlace con bronca, pasando por los comentarios negativos a mis espaldas.

Intento siempre aportar valor en mis comentarios con pensamiento crítico, desde un punto de vista coherente y racional, aceptando nuevas posibilidades. Pero nunca me ofrezco a complacer normas regladas con el único sentido de que se llevan ejerciendo mucho tiempo. No aprecio el pensamiento reduccionista o cualquier norma absolutista sin sentido… me temo que me saltan los molestos enemigos. Es fácil ver cómo aparecen algunos tipos de poder en la negociación.

Creo que no llegaré a nada en esta vida, porque hoy en día, compruebo que una mentira se convierte en realidad sin avergonzarse lo más mínimo. Los ejemplos más claros los comprobamos en los políticos, que da igual lo mal que hagan las cosas, siempre se defienden alegando que otros lo hacen peor. También se ve en la televisión, donde hay mucho famoso que dice un montón de incoherencias sobre su vida personal, y con ello consigue ganar más audiencia. ¿Nos estamos volviendo locos?

No me gustan las mentiras

Además desde hace varios años tengo un problema adicional, y ¡es estoy formado en la disciplina del coaching! La gente tiene asociado en su mente que una persona que sabe de coaching siempre dialoga y no busca enfrentamientos. Es cierto y lo cumplo a rajatabla… ¡pero cuando estoy trabajando como coach!, pero no en mis ratos libres. No se pretende que un jardinero de profesión vaya también paseando por la calle podando los árboles que se encuentre (vamos, que creo que no saldrían de casa).

Al saber de coaching, mucha gente opina que tengo que olvidarme de que soy ingeniero, consultor, profesor, diseñador, escritor, conferencista… y cuando vea algo que está mal, simplemente debo sonreír y afirmar que el mundo el maravilloso y que somos lo que proyectamos. Además, como me presento como experto en felicidad, a todo el mundo le tengo que decir que soy jodidamente feliz. Todo el mundo acepta que un médico se puede poner enfermo, pero parece que nadie entiende que exista un átomo de infelicidad y descontento en mi interior.

Me temo que estamos poco a poco consiguiendo un mundo poco habitable, porque hay personas que no cumplen con las normas. No podemos decir que hemos evolucionado tecnológicamente y seguir cometiendo delitos y guerras por medio Planeta. Tenemos que trabajar entre todos, y sobre todo, empezando a utilizar la verdad. Afortunadamente vivimos en un mundo con mucha libertad, y a quien no le guste que le diga verdades, pude ir por un camino distinto. No tengo intención de sufrir la enfermedad de mentir sin sentido. Es de los mejores ejercicios inteligencia emocional que practico.

No sé mentir

De veras, no me gustan las mentiras. Sé muy bien cómo decirle que me gusta a alguien. Cuando algo me gusta, lo digo, y cuando no me gusta también. Las dos cosas son igual de poderosas, y quien me quiera acompañar, que se atreva a decir verdades (por mucho que duelan). Quien no se atreva, que no se preocupe, pero que sepa que está siendo parte de modelo mediocre.

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