No se entiende a un ciego hasta que se deja de ver; ni se entiende a un sordo hasta que se deja de oír. Parece una tontería, pero en muchos casos, sólo valoramos lo que tenemos cuando dejamos de tenerlo. Mientras, creemos que sabemos apreciarlo, y nos convencemos como auténticos expertos.

A mí me pasó hace unos años. Nunca había valorado a mi cuerpo lo suficiente, hasta que perdí varias funciones básicas. Cuando me encontré en silla de ruedas, me di cuenta de lo importante que era moverme en libertad. Cuando perdí mi concentración, comprendí lo importante que era mi capacidad mental. Pero sólo en ese momento… porque hasta entonces, sólo podía imaginarlo.

Ahora no hay que irse a las cosas físicas, y podemos empezar por cosas emocionales bien cercanas. Sólo tienes que pensar qué tienes a tu alrededor. De verdad, míralo bien, porque si de verdad piensas que lo valoras no dejes de disfrutarlo. Porque quizás para cuando lo quieras hacer, ya no lo tengas, y entones tus pensamientos sólo morirán por revivir el pasado.

Vuelvo a leerlo. Piénsalo bien. ¿Qué tienes a tu alrededor que no estás disfrutando? ¿A quién no estás respetando y sólo estás alejando de tu vida? ¿Qué te hace dejar de sentir aquello que te gusta? Vuelvo a leerlo. Piénsalo bien. ¿Qué podrías hacer para que vieras lo que te rodea? ¿Qué podrías decir a quién te acompaña para que te sienta presente? ¿Qué obstáculos te pones a ti mismo? Vuelve a leerlo. Piénsalo bien.

Antes de que sea demasiado tarde…

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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