– Señora, venimos a detener a su hijo porque ha asesinado a su compañero esta mañana en clase– comentó el policía con aire autoritario.

– ¡Pero qué me están diciendo! ¡Vayan a por el hijo de mi vecina, que ha asesinado ya a treinta! ¡Y dejen a mi hijo en paz! – respondió la madre con una tranquilidad pasmosa.

Seguro que parece una tontería de diálogo, y un tanto irreal, ya que una madre nunca se quedaría tranquila si su hijo mata a otra persona. Ahora cambien la palabra asesinado por otra como maltratado, robado, estafado, pegado, mentido, acosado, etc… y verán que se hace más real.

¿Más real? A mí me sigue pareciendo igual de absurdo. Me da igual lo que haya hecho el vecino. Lo que ha hecho su hijo está mal. El consuelo de la comparación con los demás no debe ser una pretensión habitual para eludir la responsabilidad de nuestros actos. Pero parece que es a lo que nos acostumbran día a día, y quiero indicar que me parece de una incompetencia extrema.

Nos han llegado los papeles de Panamá (y otros muchos casos) donde vemos ladrones de primera línea, y parece que ya ni nos asustamos porque siempre nos viene a la cabeza algún ladrón que ha evadido más. Personas famosas, empresarios, o políticos de primera línea que nos llevan vendiendo moral desde hace años. Al menos si quieren comparar que aprendan a hacerlo con estilo. Deberían comparar a todo mentiroso con el gran maestro, Bush Jr., que dijo a todo el mundo que había armas de destrucción masiva, pero que en el fondo sólo quería renovar su fondo de armario armamentístico.

Es la realidad: si se miente, se ha mentido; si se roba, se ha robado; si se acosa, se ha acosado. Basta ya de comparaciones, y comencemos a responsabilizar a la gente por sus actos, y no por si lo hacen mejor o peor de los demás. Es bueno compararse con los mejores para aprender y ser más competitivos. Pero compararse con los peores para no aceptar las propias incapacidades, me parece de rezagados.

Ahora bien, si alguien hace más o menos que los demás, es un ejercicio de pataleo que sólo sirve a los incompetentes que no asumen su parte de responsabilidad. No debemos mezclarnos con personas que no nos generen confianza, así que evitemos a los que están todo el día presumiendo de su inutilidad a base de compararse con los peores.

La maldita idea de compararse

 

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No debemos mezclarnos con personas que no nos generen confianza, así que evitemos a los que están todo el día presumiendo de su inutilidad a base de compararse con los peores.
Pedro Amador
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