Hoy 13 de julio parece que es el día del padre en Uruguay. Ya mencioné el año pasado (“¿Vale para algo el día del padre?”) que el trasfondo del mensaje es bien bonito, pero la realidad es que cada vez somos menos padres por el mundo. ¿Esto qué quiere decir? ¿Aquello de que baja la natalidad? No, que cada vez hay menos padres que hagamos de padres, y cada vez hay más padres que juegan a fingir que son padres.

Esta semana cené con un buen amigo que tengo, que aprovechó a ir al baño unos segundos. No soy nada cotilla, pero me llamó la atención un padre que estaba en una mesa cercana y que había ido a cenar con su hijo, que no tendría más de tres años. El señor estaba perfectamente vestido de traje y ni se había quitado la corbata para tal evento familiar. El pequeño estaba con un pijama y un jersey de marca cara, como listo para ir a dormir tras la cena tras quitarle los zapatos y el jersey. En su mano movía un Spiderman gigante y pegaba algunos gritos leves como llamando la atención.

Esta sería la descripción del momento que pude comprobar en los escasos minutos que mi compañero fue al baño. Cuando volvió le dije –“Jorge, si llegas a tardar unos minutos más, me entran nauseas por lo que veo-“. Sí, sin ánimo de prejuzgar en extremo, pero en ese poco tiempo, una cosa es la descripción racional que he indicado y otra es la descripción emocional que puedo realizar: nula. No hubo un abrazo, no hubo un beso, no hubo una caricia, no hubo un tono de voz que no se saliera del que realiza con sus compañeros de trabajo, no hubo una simple sonrisa de picardía… ¡nada emocional!

Quizás dimos con el padre más frío de por aquí, pero la realidad es que hay cada vez más padres que se preocupan por comprar el último juguete tecnológico a su hijo, llevarles a la mejor escuela bilingüe, apuntarles al mejor club deportivo, darles las mejores vacaciones en el extranjero, comprarles la última moda en prendas de vestir, etc. Pero olvidan todo acercamiento emocional a sus hijos, cuestión que todo sea dicho, parece que arrastran muchos hombres como un problema social de hace décadas.

No quiero engañar a nadie, porque mi padre era escaso emocionalmente hablando. Al menos no le recuerdo muy cariñoso comparado con mi madre. No por eso le quería menos, en absoluto, aunque a día de hoy pienso que habría agradecido algo más de contacto. Pero con el tiempo entendí que nunca le habían educado para ser un padre emocional. Pasados los cincuenta años decidió aprender a hacer un huevo frito, cuando ya vio que su hijo los hacía sin problemas (¡gracias madre!). En sus tiempos, esas cuestiones estaban asociadas a que te hacían homosexual (¡eso son mariconadas!) como por arte de magia. Y como tenía eso en su ADN, no supo hasta tarde replantearse esas creencias.

Pero es una decisión personal. Que hayamos recibido una educación mejor o peor no nos libra de justificar nuestro presente y futuro. A mi hijo Nicolás les beso todos los días, lo llevo de paseo, jugamos juntos, nos reímos en cualquier sitio aunque no haya motivo, camina conmigo por los lugares más curiosos, nos caemos y rápidamente nos reincorporamos sin problema alguno, nos dormimos abrazos, nos gritamos “taaaaaa” o “brbrrrrbr” haciendo el coro en un ascensor, disfrutamos cada segundo, y siempre siempre siempre, sin importarnos si el de al lado nos ve como unos locos. Para nosotros es peor no demostrar las emociones, y preferimos vivir locos toda la vida.

El día del padre no vale para nada si no eres padre todo el año. Personalmente no soy un buen padre porque mi padre me enseñara cómo. Tampoco porque en el colegio me dijeran cómo hacerlo. Soy un buen padre porque decido abrir mi corazón a mi pequeño en todo momento. Él lo sabe. Él lo aprecia. Y mucho.

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Acerca de 

Considerado un experto en felicidad y pionero crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora Tecnología de la Felicidad (miGPSVital y miGPSProfesional), basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal, decenas de artículos. Conferenciasta internacional que no deja indiferente.

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