Compré el sistema capitalista, y me lo creí hasta la médula. Pensaba que toda lucha tiene su recompensa, que el esfuerzo siempre es recompensado, y que puedes hacer dinero luchando por lo que crees. Trabajaba como un loco todo el día, y ponía toda mi energía en ser una persona exitosa. Llegué a tener todo lo que le dicen a un hombre que tenía que conseguir: ganar mucho dinero en un trabajo brillante, tener una gran casa, e incluso liarme con una modelo de esas guapas de los anuncios de perfumes. Sé que suena insustancial, pero es la realidad, no se engañen.

Me funcionó muy bien hasta que hace unos años me vi con la muerte de frente, perdiendo todo aquello que había obtenido con esfuerzo. ¿Qué quedó? Un minusválido que tenía que empezar un nuevo camino, entender que quizás, y sólo quizás, las cosas que nos aportan más felicidad no salen siempre en la televisión. Que aquello que te puede hacer vibrar está más cerca de tus pulgares de lo que nos imaginamos. Y que nos tendemos a poner más barreras de las que realmente existen.

Seguí soñando por hacer un mundo mejor, analizando los componentes de la felicidad, y pensando que dando herramientas para que la gente descubriera su felicidad, la trabajarían igual que había hecho durante los últimos años. Mientras, confiando en mi mensaje, y luchando con ética seguí poniendo encima de la mesa nuevos valores que sirvieran para hacer un mundo mejor. También reconozco, todo sea dicho, que cometiendo algunos errores en el camino.

Pero no les quiero mentir más, y les comparto que la avaricia que tienen algunas personas por el dinero tiene más poder que toda mi energía. He perdido años por demostrar que son falsas las acusaciones de toxicómano que han vertido sin prueba algunos magistrados de España (ver aquí). He perdido otros tiempo de mi vida contra una organización de coaching que ha demostrado que se mueve por dinero y no por ética (ver aquí). Tampoco he hablado mucho en el blog de una editorial que me engañó, me sacó todo el dinero que pudo, y sólo ha supuesto un capítulo a borrar en mi vida. Ni que decir que los problemas de propiedad industrial que me ha causado patentar mi marca (ver aquí), son ejemplo de cómo las leyes están diseñadas sin mucho rigor. Tampoco tiene mucho sentido que les comparta que en los dólares pone bien claro que no están fabricados por una entidad pública, sino por un banco privado (Bank of Kansas City), por lo que obviamente se imaginarán que sólo persiguen ganar más y más dinero (y que les importa poco si hay millones y millones de desempleados por el mundo).

Hoy me borró una persona del Facebook, una persona para mí muy importante, a la que respeto y admiro de forma especial por sus grandes valores. Me informó del asunto, y me comentó que la línea que estaba tomando no era correcta. Entonces me di cuenta que la única línea que estoy tomando, es la de estar diametralmente opuesto al sistema capitalista con el que me educaron y que entiendo que en el futuro nos aniquilará a todos.

Por eso, sea como sea, me parece que no está el mundo para decir verdades. No gustan y sólo consigo que la gente no me quiera. Me van a perdonar si no les comparto todas las verdades, pero soy humano, y prefiero mantener a mis amigos… que son mi tesoro.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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