Es cierto que tengo que terminar de contar mis experiencias de pasado congreso, pero me parece más importar compartir algunas ideas prácticas de cómo en los procesos de liderazgo se analiza el poder. Cuando me explicaron los tipos de poder hace años, se me quedaron fijos en la mente, pero nunca me imaginé que en la práctica, aprendería mucho más de las personas que de la propia teoría.

Como a mí más me gusta, explicaré las ideas con ejemplo sencillos, porque para serles franco, siempre me cuesta entender las definiciones. La idea es poder analizar las implicaciones que existen cuando alguien nos pide algo, es decir, nos da una orden. Son siempre tres los vectores que se tiene en el poder, y merece la pena analizar cada perspectiva por separado:

-          Poder experto: que se obtiene con el reconocimiento a la sabiduría de las personas que nos dan la orden. Por ejemplo, si somos médicos, y un premio Nóbel de medicina nos pide algo, no dudaremos ni un instante de que sabe lo que nos está pidiendo.

-          Poder carismático: que nos infunde el que nos causa buena armonía y que habitualmente comparte nuestros valores e ideas. Muchas veces son personas populares que admiramos y que nos generan mucha confianza, aunque apenas les conozcamos.

-          Poder jerárquico: que viene representado por la el organigrama que tenga la empresa u organización, y que simplemente puede ser nuestro jefe. Quizás no tenga ni idea de lo que está pidiendo, pero como es nuestro jefe (o el presidente de un gobierno), no nos queda más remedio que acatarlo. Muchas veces me han hablado del poder de recompensa, como aquel que puede retribuir nuestra acción, ya sea con dinero o intangibles, pero siempre prefiero considerarlo parte del jerárquico (suele ser nuestro jefe quien tiene mano para subirnos el sueldo).

Hechas estas tres distinciones, viene el gran ejercicio. ¿Se han parado a pensar cuando dos personas discuten una orden qué tipo de poder intentan ejercer? El análisis nos puede dar una idea de cómo va a acabar la conversación. Encuentro muchos jefes jerárquicos, que se hacen con el tiempo intransigentes, y no les gusta que un empleado (muchas veces más experto) les discuta una orden. O como una persona carismática se puede tirar horas conversando con alguien experto para intentar convencerle de que está en lo cierto. También es bien divertido ver cómo una persona carismática acata una orden de un jefe jerárquico, con una sonrisa falsa y una mirada flameante que pronuncia..: “esta te la devuelvo”.

Como siempre, el término medio siempre nos aporta un valor fundamental, y lo mejor es tener tratar con personas que puedan ejercer un poco de los tres vectores. A mi juicio es fundamental que tenga algo de conocimiento de la materia para que sepa de lo que habla, tenga un poco de carisma para comunicar las cosas con esmero, y por supuesto, tenga una posición jerárquica para que se puedan llevar adelante todas las iniciativas que surjan.

¿Lo peor? Cuando le otorgan a alguien poder jerárquico sin que tenga la menor idea de nada, vamos, ni idea del poder experto. ¿Y saben lo más divertido?… que cada día abundan más jefes así. Porque además… como está mal visto decir que no sabes algo… ¡la de tonterías que se inventan los incompetentes con poder!