Hace unos años estudiaba en gestión de empresas las posibilidades  de mejora continua. Se analizaba cada cierto tiempo a la competencia, en los denominados procesos de benchmarking, y se comprobaba todo lo que se podía haber hecho mejor. Se mencionaban cosas como: “si hubiéramos… invertido en ese mercado, tendríamos mejor capacidad competitiva”, o “si hubiéramos… hecho estas actividades comerciales, tendríamos más clientes”, o “si hubiéramos… contratado más personal, habríamos crecido más”. Siempre se utilizaba el condicional para comprobar qué se podía mejorar.

Después analicé el uso del “si hubiera… “en las personas, donde comprobé que en la mayoría de los casos estaba asociado a gente insegura que en vez de ver posibilidades de crecimiento, se auto flagelaban de todo lo que podían haber hecho en el pasado y que había limitado para siempre sus vidas. Son personas que conversan en tonos pesimistas… “si hubiera comido bien ahora no sería un desecho humano”, o “si hubiera sabido cuidar a mi exmujer, ahora no estaría perdido”, o incluso peor “si hubiera aceptado el soborno, ahora no estaría arruinado”. En muchos casos, este condicional, me suele anticipar una queja continua de la que parece que no se quiera salir.

Después de muchos años he llegado a entender que las personas no somos robots, y es normal que muchas veces no apliquemos procesos de mejora continua. Pero hoy he comprobado que desgraciadamente algunas personas se están llevando sus problemas emocionales a la empresa y están haciendo que el sistema se hunda. Hoy comprobaba la noticia de que los banqueros culpaban a los políticos de no haber sabido gestionar la crisis. Casi lloro por el abuso de la mediocridad que hacen algunos gestores de empresas.

A cualquier directivo de la banca le es fácil decir: “si hubiéramos controlado mejor el riesgo crediticio, habiendo potenciado reglas como Basilea II, no habríamos otorgado tantos créditos, y ahora no tendríamos el elevado nivel de morosidad”. Pero no, en vez de aceptar su parte de responsabilidad buscando nuevos procedimientos serios que protejan de los errores pasados, van y dicen: “¡la culpa es de los políticos!”, echando balones fuera (ver aquí). ¿Pero se ha visto mayor grupo de desvergonzados? ¡Con el dinero que ganan y en vez de asumir sus errores se dedican como los niños pequeños a señalar con el dedo a los demás! Los políticos tendrán siempre parte de responsabilidad, pero son angelitos de la caridad, al lado de los banqueros.

Ahora piensen siempre con cariño todo aquello que, en el pasado, podían haber hecho mejor. No se anclen, vean qué otras opciones podían haber tomado e intenten desarrollar nuevos métodos para mejorar. Hay que aprender, y lo último que hace cualquier persona madura, es culpar a los demás. Porque siempre, siempre, siempre, tenemos algo de culpa, aunque sólo sea un 1%. Aprendamos de los errores, y miremos al futuro con responsabilidad.

Cuando alguien juegue con el condicional que sea para soñar, con la fórmula del “y si…”, siempre en positivo y sin tampoco excedernos en su uso, para no acabar cayendo en el cuento de la lechera. ¡Al final somos siempre los responsables de nuestra vida! ¡A por ello!

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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