Los contratos son una figura mercantil que indica un conjunto de obligaciones y derechos entre dos partes. En el amor no se dicen utilizar como tales, aunque en la práctica el matrimonio es como un contrato, incluso con clausulas de separación en algunos casos.

La realidad es que en mis últimos dos años, y con formación en coaching de relaciones, he analizado con mayor detalle las relaciones, en especial las de pareja, y comprobado la cantidad de “contratos” inconscientes que se ponen, se solicitan, y luego muchas veces ni se cumplen. Partimos del hecho de que las personas perfectas no existen, pero las relaciones perfectas sí se pueden crear. Para ello es necesario que la alianza, sea congruente con las obligaciones y derechos de ambas partes. La alianza se genera con compromisos a nivel emocional (aquel “te quiero, tú me quieres”), físico (aquello de “que ni te vea mirar a otra persona para tener sexo”) y social (con responsabilidades sobre los hijos, la familia, amigos, culturales, etc). La alianza económica “no suelen” ser entre la pareja, pero sí entre la pareja y el sistema, y si les parece la omito para este análisis.

La pregunta fundamental a detectar en las sesiones con las personas es: “¿hay congruencia en la pareja?”, “¿cada persona está respetando lo que dice que iba a respetar?”, “si existe algún cambio, ¿cómo han pactado este nuevo escenario?, ¿hay acuerdo?”. Estas y otras muchas cuestiones que se pueden imaginar están destinadas a comprobar la honestidad y el respeto de la alianza.

Pero me encanta analizar casos extremos para comprobar los límites de las personas, porque ya comprobé hace unos años en un curso de liderazgo que la ética es elástica. Pensemos el siguiente ejemplo: “se encuentra sin pareja actualmente y parece que un día, sólo uno, puede pasar una noche con su actor o actora favorita, ese con el que vibra cada vez que lo ve en el cine”. Es como una lotería, ¡te ha tocado!, pero sólo será para una noche.

La pregunta es bien sencilla: “¿haría el amor con una persona que es su fantasía emocional pero que sabe que sólo podrá ser un día?”. No me complique la historia y deje de fantasear que quizás el actor o actora lo deja todo después de conocerte. NO. Sólo una vez, quizás dos o tres si saben economizar el tiempo, je, je.

Bien, la respuesta habitual que me encuentro, recordemos en personas solteras, es que los hombres en su mayoría dirían que sí. Las mujeres suelen decir que no (aunque este factor cambia en algunas culturas y sobre todo en ciudades más grandes). Cuando responden un sí, compruebo que esas personas se permiten disfrutar la vida y que no son esclavos de sus posteriores sentimientos. Tienen las cosas claras y prefieren disfrutarlo a quedarse con la curiosidad de por vida. Ojo, esta es mi opinión, respeto que desde su punto de vista prefiera llamarlos demonios del pecado sexual o cualquier nombre a su gusto.

La reflexión viene con el no. En esos casos me indican que hacer el amor con una persona tiene en este ejemplo sólo una implicación en el vector físico, y que necesitan del vector emocional, e incluso algunas veces del social. Es congruente, y muy respetable. Pero ahora viene la segunda derivada sobre ese no, y es preguntar “¿has hecho el amor alguna vez con una persona que conociste en el mismo día y de la que apenas sabías?”. Aquí viene la curiosidad… ¡porque algunas mujeres lo han hecho! Los hombres se pueden imaginar que aun más.

Es decir, con un desconocido de una noche, si se da la ocasión, mucha gente ha tenido relaciones sexuales (repito que depende mucho de las culturas y geografías). Pero cuando se le pregunta con personas delante, con tiempo, y encima con su actor favorito… ¡muchos de los que lo habían hecho ahora dicen que no! ¿Congruencia?

Les explicaré mi conclusión, la congruencia también es elástica en el amor, como la ética. En casi todas las situaciones vamos a solicitar un contrato del amor, pero en algunas ocasiones, quizás bebimos demasiado, y ¡nos saltamos el contrato y a la aventura! El nivel de elasticidad se puede tensar más tras una mala experiencia o soltar de por vida (lo que definiría a las personas que no sabrán nunca respetar los contratos). Curioso.

Bueno, sea como sea, es sólo una reflexión, y sigo siendo de la opinión que la vida es para disfrutarla, con contrato o sin él.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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