Es triste, pero es la realidad: la incompetencia está siendo premiada. En mis tiempos se soñaba con tener una gran idea emprendedora y conseguir crear algún imperio de la nada. Ahora sólo es necesario saber actuar, mentir descaradamente, cambiar de opinión tanto como sea necesario, y no tener el menor reparo a robar a cualquier que se te cruce en el camino a la vez que se evade el pago de impuestos.

¿Servirá para algo? Ya les adelanto, sí, para que algunos vivan estupendamente, con maravillosas vacaciones y lujosos coches. Seguramente les dejarán mucho dinero a sus hijos, si es que tienen. Tampoco les preocupa si irán al infierno, pues se ríen de esa ridícula amenaza.

Eso sí, estas cucarachas humanas se rodean de un montón de cacatúas sin sentido, que les hacen la pelota (chupar las medias), pero no paran de buscar el momento en el que se la puedan clavar por la espalda. En España han quitado a Rodrigo Rato y a su equipo de piratas de Bankia, pero ya hay otros dispuestos a encabezar el nuevo barco pirata. ¡Siempre habrá más y más cucarachas humanas dispuestas!

Pero les voy a compartir la única cosa que nunca tendrán: el respeto de la gente el día que llegue su funeral. En todo entierro es cuando se comprueba por la cara de las personas la honestidad de la persona que despiden. Estas cucarachas humanas, que habrán disfrutado mucho en vida, no serán nunca despedidas con honores, porque tendrán a muchas cacatúas como auténticas carroñeras.

Desde hace años, mi mayor referencia ha sido mi padre, a quien vi rodeado en su funeral de personas que le despidieron desde la máxima admiración. Mi padre no realizó ningún descubrimiento universal, ni ganó mucho dinero, pero siempre dio amor en cada cosa que hacía. Para mí todo un ejemplo a seguir, y que pienso defender mientras siga vivo.

Una pena que ahora se premie la incompetencia.