Ayer lo volví a observar en primera persona: el poder del rechazo, una de las mayores fuerzas que conozco. Muchas personas hablan –algunas ya en formato de charlatanería pura- de la Ley de la Atracción, y de cómo con la fuerza del deseo se pueden atraer las cosas. Me parece aceptable en parte, pero permítanme explicarles cómo el poder del rechazo genera una fuerza aún mayor.

En la vida normal es normal tirar una pelota de tenis contra una pared y que nos rebote sin problemas. Si la tiramos más fuerte, nos llega con más intensidad. Si la tiramos muy suavemente, probablemente ni vuelva, porque en el rebote siempre pierde un poco de fuerza.

Ahora tomen por un momento su pelota de tenis, e imaginen que pueden llenarla con el mayor amor que hayan sentido en su vida por una pareja (la que sea, pero algo que recuerden con intensidad). Lancen la pelota, llena de amor, contra otra pelota de otra persona que juegue en el campo contrario. Seguro que podrán ver estas posibilidades:

  • Pelotas del amor
    Las dos pelotas se encuentran, van con la misma velocidad y consiguen chocar en algún punto del campo. Caen con armonía a la par en el suelo de forma mágica y sin vaciar ni un sólo ápice de todo su amor. Es cuando suena una preciosa banda sonora en el campo y recitan canciones de trovadores. Allí se pueden acompañar de por vida sin problemas, a no ser que sople un viento extraño (el contexto que cambia), o rebote una tercera pelota.
  • Pelota sin amor
    Una pelota se lanza pero en el otro terreno no hay nadie jugando y se encuentra contra una pared invisible. En ese momento, algunas veces aplican las leyes físicas, y la pelota rebota. Pero en algunas circunstancias (son la materia prima de las fantasías emocionales), esa pelota se queda pegada a la pared invisible, inmóvil. Siente el poder del rechazo, y en vez de haber rebotado sin problemas, se queda pegada sin sentido alguno en esa pared invisible. No consigue atravesar la línea, pese a que se de cuenta de que en el otro lado del campo no hay nadie jugando. Pero no, esta pelota quiere y quiere y quiere pasar al otro campo, y cuanto más rebelde sea la pelota, más quiere. Una fuerza gigantesca que no consigue controlar le obliga a estar al filo del campo… ¡es necesario pasarlo! Casi siempre es imposible, por más que se vuelva a intentar lanzar la pelota una y otra vez, sin importar la fuerza con la que salga disparada.
  • Pelota sin amor
    A veces es incluso peor, porque la otra persona además de no lanzarnos su pelota, simplemente nos pisó la nuestra. Esas sí que son las peores partidas de tenis que he podido comprobar, porque un rival abusa de las normas del juego e impone una conducta tóxica que a la pelota, llena de amor, le acabará causando alguna enfermedad peligrosa (me temo que las pastillas no curan estas cosas). En este caso, el poder del rechazo (en su vertiente miedo a no sentirse rechazado), se hace aún más fuerte, y se suma a una ridícula energía que ofrece la inseguridad, y que se llama “miedo a estar solo”, es decir, a tener que jugar al frontón en vez de al tenis.

Como siempre, hay que jugar algunos partidos de tenis para saber moverse con soltura en la pista. Se puede pelotear algunas veces, pero no les quepa duda, que muchas veces se pierden algunos partidos antes de hacerse un gran campeón y alcanzar el título soñado. En este caso, el poder del rechazo es uno de nuestros mayores enemigos, y debemos mantener la mente muy fría para saber gestionarlo sin que nos afecte. Mi mayor secreto para esto es usar el desfibrilador emocional, una herramienta que nos tiene que servir para anteponer el valor respeto al del enganche emocional que nos impide jugar bien al tenis.

Porque la pelota lo tiene sencillo. Sólo tiene que aceptar que no está jugando en el campo correcto y pedir pelotear en otro campo. Quizás no se le da bien el césped, y deba jugar en tierra. Quizás no se le dé bien la tierra y quiera jugar en cemento. Sea como sea, que ruede… y que sólo se quede parada cuando encuentre una buena pelota que esté a su altura.

A mí siempre me gusta recordar que amar se trata de compartir un camino, no de ponerse en el camino del otro. Juguemos con estilo al tenis, sin perder la sonrisa.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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