Podemos es un nuevo grupo político formado en España que en menos de un año se está alzando con posibilidades reales de gobernar. Es sorprendente su crecimiento, y como ya comenté aquí, consiguió representación en el parlamento Europeo hace pocos meses. Desde entonces lo sigo de cerca e intento analizar las pasiones que mueve.

Para introducir esta reflexión me gusta pensar en el negocio del fútbol. Dos equipos se enfrentan durante unos minutos para obtener el mayor número de goles y son apoyados por un conjunto de aficionados. Los aficionados no suelen cambiar de bando, y por más discusión que haya, muchos lo son hasta la muerte. Da igual si su equipo falla y falla, la mayoría de las personas son de ese equipo de fútbol porque lo han sido toda la vida. Desde mi punto de vista son adictos deportivos que en casos radicales, y muy aislados, llegan a confrontaciones violentas. Cuando se realizan actos violentos por un simple deporte es cuando me parece que los seguidores demuestran tener otros problemas que no van a resolver con el fútbol.

Vayamos a la política. Un gobierno busca apoyo con sus votantes y promete un conjunto de acciones para mejorar el país. El partido político elegido podrá desarrollar ese conjunto de cambios durante toda la legislatura y al final de la misma todos los ciudadanos, tanto los que le apoyaron como los que no, podrán comprobar el resultado de sus promesas.

Vamos a partir de un hecho, y espero concuerdes conmigo, que a la formación política se la tiene que valorar por su propuesta, los principios en la que es creada, y por el trabajo realizado. Espero también concuerdes conmigo que no tiene sentido analizar el pasado de las personas, los padres o familiares de las políticos, o los abuelos de los abuelos de cada integrante de la formación. Más que nada porque entonces seguro que mirando el árbol genealógico no habría persona que pudiera gobernar.

Es decir si un integrante en el pasado cometió un crimen, por feo que fuera, pero cumplió con su condena, será valorado por su forma actuar actual, no por la pasada. Esto es un requisito indispensable para entender lo que significa la palabra “perdonar”, porque de otra forma no aceptaríamos como válido que el expresidente Mujica en Uruguay haya gobernado dos legislaturas habiendo sido antes guerrillero (y habiendo cumplido su pena en la cárcel). Es de sentido común que para aceptar el perdón como valor, se debe aceptar que Mujica había cumplido su pena y estaba libre de toda duda.

 

En la política no es como el fútbol, y cabe pensar que si los votantes comprueban que su partido incumple las promesas, cambiarán su voto a otro partido político. ¿Sencillo verdad? Por ejemplo en España he cambiado mi voto varias veces, y he votado tanto a unos como a otros según incumplían (o cumplían) lo que hacían. No me siento ni de derechas ni de izquierdas, solo intento elegir entre lo mejor posible que creo puede conseguir resultados. Pero mi caso se me hace cada vez más aislado, y mi experiencia me demuestra que en muchos casos es más fácil cambiar a una persona de equipo de fútbol que de partido político… ¡algunos defienden su voto como si fuera la vida en ello!

El seguimiento a la nueva formación de Podemos me ha dado muchas pistas de cómo generar en las personas un odio ciego hacia el contrario. He comprobado como el actual gobierno gasta más tiempo en hablar mal de los demás que en intentar solucionar los problemas que tiene en el país (o su propio partido político). Para mi sorpresa la política tiene un conjunto de fanáticos peores que el deporte, porque suelen presentar a los propios votantes unos resultados más que dudosos.

Cuando un partido lo gana un equipo, por más que se enfaden con el árbitro, existe un resultado final inamovible. Uno ha ganado, otro ha perdido. En el caso de la política es distinto, porque si se comprueba lo que dice cada representante de su partido político se pueden contrastar realidades opuestas.

Por ejemplo, si escuchamos al actual Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, veremos que afirma que España está siendo la locomotora de Europa y tiene tasas de crecimiento inigualables. Si escuchamos a la oposición del Gobierno (PSOE según los votos o Podemos según el CIS), veremos cómo España se está hundiendo en sus datos micro económicos y la pobreza está alcanzando cuotas nunca antes imaginadas. Es decir, ¡ganan los dos! ¡Todos tienen razón!

¿A quién creer? ¿Dónde está el árbitro? ¿Nadie sabe medir el cumplimiento de las promesas de un programa electoral? ¿Esto no se puede hacer de una manera imparcial?

Antes pasaba que en el fútbol, cuando un balón golpeaba el larguero y se posaba sobre la línea de la meta sin llegar a entrar, daba para horas y horas de discusión para saber si era gol o no. Se gastaba entonces la semana en decir barbaridades sobre cuánto dinero habían pagado al árbitro. Hoy en día, como ya se hizo en el último mundial de Brasil, una simple máquina repite la jugada e indica si entró. ¡Más sencillo imposible! Algo que por cierto se lleva años y años haciendo en el tenis y que nunca le ha restado emoción.

En la política parece no existir esta máquina que mida resultados, la gente prefiere seguir con su ceguera, defendiendo a su partido político pase lo que pase. Y para eso nada como decir cualquier cosa del contrario, sea como sea, y sin el menor argumento. ¿Qué los de Podemos apoyan a ETA? ¡Son los peor! (da igual si lo desmienten en público). ¿Qué los de Podemos son financiados por Venezuela? ¡Qué vergüenza! (da igual si nadie los denuncia en un juzgado). ¿Qué los de Podemos mataron a Kennedy? ¡Ya se sabía!, ¿o es que todavía no te habías dado cuenta?

Total… ¡el odio anti-Podemos ya lleva tiempo! Incluso ahora empezará también el odio anti-Ciudadanos, y lo que tenga que venir. Aunque, ¿no sería más fácil un árbitro neutral que midiera cada promesa electoral e indicara al final del mandato cuánto se ha cumplido? Sí, sería más fácil, pero entonces no habría tanto burro por ahí suelto, ¿no crees?

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Acerca de 

Considerado un experto en felicidad y pionero crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora Tecnología de la Felicidad (miGPSVital y miGPSProfesional), basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal, decenas de artículos. Conferenciasta internacional que no deja indiferente.

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