Les voy a reconocer la actitud que peor gestiono en mi persona: miro más lo que no me gusta que lo que me gusta. Supongo que será una defensa que tienen mis genes, para asegurar mejor la supervivencia, pero estoy empezando a entender que es la causa de todos mis males.

Por ejemplo, entro en un restaurante y soy capaz de observar cualquier decoración desacorde al estilo global, cualquier palabra de un empleado malsonante, o cualquier elemento que supere el nivel de calidad/precio propuesto. Supongo que mi temporada de auditor de sistemas, marcó mucho. Aunque en el fondo es luego lo que más aprecio, tardo más en reconocer cuáles son los mejores platos, los camareros más atentos, o las actividades más destacadas del local.

A nivel profesional, en cuestión de segundos, observo todos los procesos que funcionan mal en una compañía, y la forma de medirlos para realizar mejoras continuas para paliar esos fallos. Es más, conecto errores de diversas categorías con extremada visión, y calculo todos los ahorros que se pueden producir al resolverlos.

Pero las personas no tienen procesos, en todo caso actitudes y aptitudes. Las aptitudes son grandes posesiones que aprendemos a lo largo de muchos y muchos cursos, y que sólo ponemos en duda cuando se encuentran con un experto reconocido. En cambio, las actitudes parece que las defendemos como dogmas de fe y tendemos a alejarnos de las personas que no comparten las mismas.

Aquí entra la gran sabiduría popular del Facebook en acción. Podemos compartir cualquier cosa, desde la foto de un café que vamos a tomar, hasta la mayor estupidez escrita que nos venga al pensamiento. Estamos compartiendo con muchas personas, y cada uno nos puede poner “me gusta”, pero nunca “no me gusta” (aunque hay algunas cosas que deberían tener una nueva opción de “mira que te aburres…”).

¿Nos llevamos esto a nuestra vida?

Mejor dejar de pensar: no me gusta el trabajo al que voy todos los días porque me tiene cansado sin sentido, y cambiarlo por algo como me gusta el trabajo al que voy porque me está enseñando a conocer mejor a qué trabajo me quiero dedicar en un futuro.

Se acabó a decirle a un comercial: no me gusta lo poco que vendes, acusación que vuelva toda la culpa en el otro, y cambiarlo por me gusta que pudiéramos vender más, en donde te involucras directamente en impulsar a la venta.

Ya no más: no me gusta que salgas con tus amigos algunos días, ya que vas frontalmente contra el deseo de la otra persona, y cambiarlo por me gusta cuando te veo feliz al disfrutar con tus amigos, y que además me puedas compartir luego cosas.

 

¿A qué esperas para empezar a practicar? Sólo tienes que empezar diciendo… ¡Me gusta!

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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