El otro día recibí los resultados finales del último estudio científico publicado en numerosas revistas internacionales en el que se detallaban qué variables influían para tener éxito en el amor. Después de una exhaustiva investigación basada en muestras de 10.000 individuos se encontraron las claves en que se fundamenta el amor. Se comprobó que para tener éxito en el amor, y así conseguir a la pareja de tus sueños, influían los siguientes aspectos:

 

– La genética o nuestra educación paternal en el 50% de los casos.

– El 10% influía directamente de las circunstancias del contexto.

– El 40% era responsabilidad de las personas, es decir, variables voluntarias.

Es decir, que un 60% estaba ajeno a nuestra voluntad, y sólo un 40% era voluntariamente atribuible al individuo para conseguir el amor soñado. Las conclusiones fueron claras y se presentaron en varios congresos internacionales. La ciencia por fin estaba dando un poco de luz a misterios de hace siglos.

Perdonen, era una soberana tontería que se me había ocurrido. Ahora cambien la palabra amor por la de felicidad, y podrán observar el estudio de Sonja Lyubomirsky (licenciada en Psicología por la Universidad de Harvard y Doctora en Psicología Social por Stanford). Para más información, pueden comprobar el siguiente video que explica todo su estudio.

Me pregunto qué están haciendo con el método científico. Entiendo que la estadística sirve para analizar muestras y obtener información. Pero no sirve para generar afirmaciones magistrales de cosas tales como cuáles son los fundamentos de la felicidad. No tiene sentido evaluar y comparar estados de ánimo porque estos son subjetivos para cada individuo. Además, la muestra que ha analizado es poco representativa de la población mundial.

Pero miremos la exposición con atención, ¿verdad que parece que sabe perfectamente lo que es la felicidad? Me pregunto si habrá visitado algún remoto lugar lleno de pobreza, donde se entienden muy bien los principios que ya indicaba Aristóteles: todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla.

Mientras tengamos científicos apoyándose en la estadística para definir los principios de la felicidad, tendremos eso, aproximaciones que se quedarán a años luz de lo que de verdad sentimos algunas personas. Si de verdad me creyera las conclusiones de este tipo de estudios en las que el 50% de mi felicidad depende de mi genética… ¡estaría corriendo al médico a cambiar ahora mi ADN por completo!

Se supone que los estudios científicos tienen una utilidad práctica, pero a las conclusiones de Sonja Lyubomirsky no hay forma de encontrársela: veo que me falta genética y me sobra felicidad. Si algo aprendí tras años de estudio e investigación es que la estadística no se puede aplicar a la ligera: vale para describir los comportamientos de la muestra analizada, no para generar patrones conductuales de formulación universal.

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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