¡Menuda tontería estás diciendo cuándo hay muchas más personas que han realizado muchos estudios sobre la felicidad y son mucho más expertas que tú! Bueno, no lo pongo en duda, pero repito de nuevo una entrada de hace años atrás… ¡porque no solo es bueno estudiar a los demás!, ¡Tenemos que entender de una santa vez que cada uno es feliz a su modo!
Como ingeniero puedo afirmar que todo el que pretenda dar fórmulas o consejos sobre una cuestión que es subjetiva y no que no tiene una medición común (como puede ser el metro o el litro), … o bien no sabe lo que es la felicidad o bien se expresa incorrectamente.

Desde hace años muestro la necesidad de desarrollar metodologías o herramientas que nos ayuden a ser felices y que nos ayuden a trabajar la felicidad de cada uno. Así lo comparto en mis clases en la Universidad –Cómo educar en felicidad (y además en la Universidad)-, y así lo defenderé siempre que no exista en este planeta un “felizómetro” que nos mida de forma común. Ya leí algunos libros de autores, como menciono en “En busca de la felicidad“, y al final todos parecen moverse en la misma línea argumental, y por más doctorados que tengan en la materia, adolecen del sentido común al expresar algo que es puramente subjetivo.

Actualizada la entrada… “Mi dedo señala al cielo”


 

¿Saben cuál es mi película favorita? A más de uno le sorprenderá, pero es Amelie, donde se comprueba que la protagonista ve la vida como “un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará“. Pero hay una frase que me impactó aún más: “Cuando el sabio señala el cielo, el tonto mira el dedo“.

Hoy entendí que la frase encajaba perfectamente con el sentimiento que me persigue en los últimos días. A partir de una entrada en la que formulo alguna crítica constructiva sobre las fórmulas de algunos autores célebres como Seligman, algunas personas, que no tienen nada de tontos, han mirado mi dedo. En vez de mirar el cielo al que apunto, sólo meditan qué dedo puede estar señalando a los grandes.

Entonces recuerdo cómo se debía sentir Galileo en sus tiempos al decir que la Tierra no era plana. Para más curiosidad y armonía, les confesaré que ¡vivía en la calle Galileo! Cómo diríamos algunos compañeros… el coaching cuántico siempre al acecho.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a detallar mi dedo. Más bien mi mano entera. Bastaría comprobar mi CV tanto profesional como emocional, pero en este caso, voy a explicar por qué pone en mi tarjeta “experto en felicidad”. Personalmente no me gusta nada detallar mi formación y experiencia, ya que siempre digo que aprendí la disciplina del coaching de mi madre y metodología de mi padre. Pero parece que vivimos en un mundo que muchas veces valora más un título universitario que la coherencia mental. Insisto, este ejercicio lo hago sólo para saciar a los que miran el dedo, pero no es mi estilo explicar la base teórica que formula mis ideas. Si habitualmente no miran al dedo, les rogaría dejaran de leer.

Práctica. Para empezar les comparto que con tan sólo nueve años comencé a ser un monstruo de la informática, aprendiendo a programar en BASIC. A los once, incluso ya programaba lenguaje ensamblador, y amueblé mi cabeza en organigramas que podían formular sistemas informáticos eficientes. A los doce años realicé mi primera aventura conversacional que fue distribuida en el mercado pocos meses después.

Teoría. Realicé después la carrera de ingeniero informático, donde mi cabeza profundizó en cómo aplicar las ciencias formales. Allí aprendí y practiqué cálculo, álgebra, física (me encantaba la cuántica), estadística, economía financiera, aprendizaje animal, ingeniería del conocimiento, redes neuronales, inteligencia artificial, etc. Como aquello pareció poco, estuve dos años estudiando cursos de doctorado, con materias como matemáticas avanzadas, algoritmos genéticos, inteligencia de negocio, etc.

Práctica. Comencé a trabajar antes de entrar en la universidad. Empecé montando ordenadores y realizando apaños a todo MS-DOS/Windows que no quería funcionar. También trabajé como maquetador y diseñador gráfico con lo que conseguí estructurar la importancia de los espacios visuales. Al terminar la universidad pasé por un gran diversidad de trabajos: analista programador, consultor de tecnología, auditor de sistemas, jefe de proyecto, preventa, comercial, dirección general, etc. Trabajando funcionalmente en áreas tan dispares como la gestión de recursos empresariales (ERP), de clientes (CRM), de compras (SRM), de ingeniería de productos (PLM), de inteligencia de negocio (BI, BPM) y la gestión de contenidos web, por mencionar algunas áreas.

Teoría. Continué bien joven con un Executive MBA en Esade, una de las mejores escuelas de negocios del mundo (no es por competir, sólo digo que es una de las mejores según muchos rankings, así que no se ofenda nadie de otra escuela). Allí amplié mis horizontes al marketing, las finanzas, los recursos humanos, la geopolítica, la estrategia empresarial, etc. Ello me dio la visión necesaria para conseguir en poco tiempo gestionar una empresa propia que contó con más de 20 empleados y llegó a facturar casi un millón de euros en un año.

Práctica. En un grave siniestro en el que me atropelló una motocicleta hace más de siete años sufrí un severo politraumatismo, que me dejó algunas secuelas. Tuve que re-aprender a utilizar mi memoria, mi concentración, mi inteligencia, mi habla, mi atención,… La teoría que se muestra en las universidades de neurología, la pude poner en práctica en primera persona, ampliándola con técnicas de PNL o coaching. Me temo que este ejercicio práctico no se lo deseo a nadie, pero quizás por ello tengo una perspectiva de las cosas muy bien fundamentada.

Teoría. Para mejorar mejor mi comprensión de las ciencias sociales, aprendí durante varios años la disciplina del coaching (CTI, AECOP, OSRC), PNL (DBM) y liderazgo (CTI), por nombrar algunos cursos realizados. Ampliar la ciencia formal con la visión de la ciencias sociales, ha sido uno de mis mayores crecimientos personales. Nunca renuncio sobre el camino recorrido, y sólo voy sumando todo día a día.

Práctica. Comprobé la falta de metodología en temas de crecimiento personal, felicidad, coaching, o como se quiera denominar (el mercado tiende a usar las palabras sólo para vender, no porque sean exactas en su uso), y durante un año trabajé en el creación de la Metodología Autocoaching, desarrollada en tres prácticos libros. Pero eso es poco con el estudio de los componentes que componen la felicidad, la taxonomía del Coaching de la Variedad (más información en esta entrada sobre la primera versión y en esta entrada sobre la segunda), que incluye más de 270.000 gustos y más de 10.000 cambios. Gestionando a un equipo de varias personas durante cinco años, siempre bajo una base metodológica y profesional, hemos conseguido que el proyecto ya tome vida en clientes como Nivea.

Práctica. Se ha presentado la Metodología de Autocoaching y sus libros en multitud de librerías, en medios (radios, televisión o prensa), en congresos internacionales, y en foros empresariales. El equipo siempre ha obtenido feedback que ha servido para solidificar todos los argumentos, y hacer el método más fácil en su comprensión. Curiosamente se han recibido críticas muy dispares, desde “es imposible hacer una taxonomía de gustos”, hasta “tu experiencia personal y tu forma de entender la felicidad, me han marcado un punto de inflexión en mi vida”, pasando por peculiaridades como “mejor habla en los congresos de hippies y les cuentas tu historia de la felicidad fumando marihuana” (me ahorro indicar qué gurú dijo esto último porque prefiero evitar cualquier susto).

Práctica. Más de 300 horas de coaching personal y profesional, más de 180 horas de tutorías de proyectos como colaborador asociado en Esade Madrid, más de trescientas horas de formación, por no hablar de las miles de horas en las que he podido charlar informalmente con cientos de personas sobre su felicidad (he realizado la Rueda de la Vida imantada con varios miles de personas, sin exagerar). Como buen obsesivo compulsivo todo bien contabilizado en hojas Excel. Curiosamente, me han llamado obsesivo compulsivo sólo por usar bien el Excel, así que me encanta el piropo (¡glup!).

Práctica. Los más importantes aprendizajes en mi vida, los he realizado por el mundo. He podido viajar a más de treinta países, con casi 600 vuelos a mis espaldas, y habiendo interactuado con culturas muy diversas. Creedme que la felicidad en Estados Unidos no tiene nada que ver con la de Japón, por poner un ejemplo.

Práctica. Lo listado y algunas cosas que no he detallado, no valen para mucho si no se aprende a escuchar, meditar, analizar y obtener conclusiones prácticas de todo lo que observamos en el mundo. Además me encanta hacer diagramas en cualquier servilleta para saber si estoy relacionando las ideas correctamente. En definitiva, usar la cabeza para pensar, sabiendo siempre convertir la queja en energía que impulse a la acción.  Tuve que re-aprender durante todo el proceso de recuperación que he tenido después de mi accidente, y si les soy franco, no dejo de aprender día a día.

Dicho esto, no me dedico a compararme con nadie, y el hecho de haber listado estas cosas no me hace ni mejor ni peor que nadie. Muchos pensarán que soy un creído, y dejarán de leer en adelante. No hay problema, pero recuerden que no pretendo impresionar a nadie, y tan sólo comparto mis experiencias para que entre todos podamos crear un mundo mejor. Sólo espero que entienda que tengo una formación y una experiencia suficiente y que la aplico lo mejor que puedo a cada instante. Les ruego una cosa: no se preocupen por el dedo de nadie y miren el cielo al que apunta. Antes de que se nos caiga el techo encima y sea demasiado tarde.

Por ello, es mejor dejar a un lado las fórmulas o consejitos de la felicidad (por no hablar de las pastillas anti-depresivas). Hay que empezar a entender que somos los mayores responsables de nuestra felicidad. Puede que el contexto no nos sea todo lo favorable que nos gustaría. Pero cada uno tiene que trabajar su estado de ánimo de forma individual, y cómo no, si quiere acompañado por un profesional (coach, mentor, psicólogo,…).

Esta es mi experiencia en la vida. De verdad espero les aporte alguna idea, ya a que a mí me ha enseñado a estar alineado con mi sentido de la vida. El motor de la felicidad.


 

Y ahora si te picó la curiosidad… mira mi nuevo libro: “Zero Stress: 20 Días en la Vida de un Experto en Felicidad”.


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Acerca de 

Considerado un experto en felicidad y pionero crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora Tecnología de la Felicidad (miGPSVital y miGPSProfesional), basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal, decenas de artículos. Conferenciasta internacional que no deja indiferente.

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