A muchas personas les potencian el sentido de la propiedad desde pequeños. Primero se les genera el deseo de pertenencia de cosas que ni necesitan. La TV es especialista es hacernos comprar cosas que luego ni utilizamos mínimamente. Si quieren piensen las diez últimas cosas que han comprado y comprueben cuántas de ellas podrían haberse ahorrado. En los niños pequeños se observa con facilidad: “Mamá/Papá, ¡quiero ESO!, ¡quiero ESO!, ¡quiero ESO!”, y apuntan con el dedo a algún cachivache que no saben ni qué funciones realiza, pero ya lo han visto en TV o lo tiene algún amigo. Si fallan los padres, pasan a pedir a los tíos, abuelos, etc.

Este deseo de pertenencia tiene que verse satisfecho, y hasta ese momento, se repite constantemente en formato bucle el “¡quiero ESO!, ¡quiero ESO!, ¡quiero ESO!”. El propio sistema consumista se encarga de generarnos una sensación de soledad si no se satisface el deseo, y muchos familiares acaban comprando cosas sólo por no saber atender correctamente a los pequeños.

Una vez con la posesión en la mano, toca su defensa. Ahora hay que hacer ver a todas las personas, que aunque sea una tontería lo que hayamos pedido, debe parecer que tiene el mayor valor del mundo. De otra forma, nuestras futuras peticiones en formato de bucle insoportable pueden no verse satisfechas. Pasamos al maravilloso estado de “ESTO ES MÍO”, en donde transformamos el sentimiento de cuidado por el de defensa. Nadie puede tocar lo que es nuestro, aunque se puede guardar en un rincón sin problemas. Me aburro de ver niños, muy mal educados, que no saben compartir los juguetes con sus hermanos.

Con mi experiencia en coaching de relaciones, ¿saben cuál es la mayor toxicidad que he comprobado en los divorcios? ¿Se lo imaginan después del ejemplo? Triste, pero me temo que es una mala costumbre que se arrastra desde la infancia.

Es fácil comprobar que cualquier relación de pareja presenta las siguientes fases:

  • Primero encontramos la fase de despertar la atención de una persona. La gente demuestra sus mayores virtudes, y por días o meses, son los mejores compañeros del mundo.
  • Después entramos en la fase de noviazgo, donde se pasa más tiempo comprobando que tu pareja no tenga posibilidades de conocer a nadie, que haciéndola sentir una persona única y responsable.
  • En multitud de culturas, se pasa por una fase de compromiso formal (prometerse), donde se pone ya la fecha al día exacto del contrato.
  • Por último llega el matrimonio, donde mucha gente pasa (mentalmente) al “esto es mío”, relaja toda condición de cuidar a la persona, y parece disponer de una serie de derechos de por vida. Muchas de las virtudes de la primera fase se desvanecen, porque parece que ya no hay que conquistar a nuestra propiedad.

Si algo he aprendido en el amor es que las relaciones se han de cuidar día a día. Todas las mañanas hay que despertarse abrazando y haciendo sentir única a la pareja que está a nuestro lado. Habrá que prolongar ese sentimiento cada minuto del día para que quiera ser la persona que comparta nuestro último abrazo (je, je, vale como excepción los días de baja por enfermedad). Somos personas que tenemos que compartir un camino, no pretender ponernos en el camino del otro. Puedes tener a quien quieras, pero sólo te amará quien no se sienta de tu propiedad.

 

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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