Siempre me pregunté lo mismo, ¿para qué un día para los padres? ¿Otro para las madres? ¿Incluso uno para la mujer? ¿Y cuándo habrá un día del hombre? ¿O un día dedicado a Dumbo? ¿O por qué no otro dedicado a Pinocho que tantos seguidores tiene?

Pero hoy me tocó vivir mi primer día como padre, si miramos el calendario español. Primera incongruencia, ¿por qué en cada país se celebra en días distintos? ¿Los padres no somos los mismos? ¿Somos distintos según el país donde criemos a nuestros hijos? Sin sentido alguno entiendo que la fecha viene generada por motivos comerciales y sin muchos motivos de paternidad.

Lo primero fue acordarme de mi padre, del que no recuerdo todo lo que me gustaría por mi pérdida de memoria, pero siempre le tuve una extrema admiración (hace poco le dediqué una entrada). Bueno, lo cierto es que no necesito un día del padre para acordarme de él. Es más, en multitud de ocasiones recuerdo ponerle una vela y le agradezco todo lo que me dio en vida.

Después, ¡y por primera vez en mi vida!, me tenía que ver como padre. Miré a mi querido Nicolás, que apenas acaba de cumplir cuatro meses, y le preguntaba, ¿cómo te sientes con este padre que tienes? Se pueden imaginar que la pregunta salía por mi boca y era allí donde quedaba, porque la cara de Nicolás apenas cambia de signo por más que le cuente. Sí, sí, ya sé que muchos me dirán que los bebés tienen un sexto sentido y que entienden todo, pero más bien pienso que en general les encanta que les hables digas lo que digas. Les puedo asegurar que Nicolas no ha distinguido si le canto un villancico en diciembre o en marzo, pero bien que le gusta.

Sea como sea, decidí pasar casi todo el día con Nicolás, y me tocó bien temprano llevarle a vacunar. En el camino me miraba con unos ojos saltones y mientras le paseaba le explicaba los beneficios que tendría ese pequeño pinchazo. Le dolería levemente, pero después le ayudaría a evitarse muchos virus que le querrían lastimar. Escuchaba con atención y aunque no tengo ni idea de lo que habrá entendido, le sentí muy feliz. Hasta que le senté en mis piernas y la enfermera le realizó los tres pinchazos a toda velocidad.

Entonces comenzó a llorar de una forma exagerada, como es obvio, y cuando le miré me sentí más papá que nunca. Le abracé y me puse a llorar como un tonto, pensando que así compartiría su dolor. Entendí así el amor de padre. Quien sea padre lo podrá entender perfectamente. Quien no lo sea, le pido mis disculpas, pues me es imposible explicarlo, y puede pensar que el día del padre es una tontería… hasta que lo sea.

¡Felicidades a todos los padres!, y de paso las madres que aunque no toca, ¡son únicas!

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Acerca de 

Considerado un pionero en comunicación y crecimiento personal y profesional. Colabora numerosas veces en TV, radio o prensa y ha desarrollado la innovadora aplicación de la felicidad miGPSVital, basada en la Metodología Autocoaching. Autor de cuatro libros de crecimiento personal y decenas de artículos.

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