Es muy complicado sentirse como en casa cuando se viaja con frecuencia. Voy de país en país, de ciudad en ciudad y de hotel en hotel, e incluso muchas veces en casas de desconocidos. Los hoteles siempre se me han hecho muy fríos, e intento llegar sólo a dormir para reducir mi estancia lo máximo posible. Por eso he intentado siempre desapegarme de las cosas del hogar, ya que a mí alrededor cambian demasiado rápido.

Como todo en esta vida, hay que estar dispuesto a romper los límites de vez en cuando. Dejar a un lado las creencias como  “en casa no se está en ningún sitio”, e intentar nuevas fórmulas. Cuando comprobé que estaría en un nuevo proyecto en Barcelona durante unas semanas me propuse algo que rompiera la frialdad del hotel de turno.

Pensé en la fórmula del apartamento o habitación compartida, como posibilidad de tener más ropa, poder cocinar algún día, e incluso poder compartir un sitio más habitable. Me puse manos a la obra y descorché el buscador de turno. Escuché las mismas preguntas varias veces:  ¿por un año? ¿por meses? ¿por semanas?, ¡pero no sabía cuánto tiempo estaría!

Cansado del buscador, pregunté a mi maravilloso Facebook… ¡a mis grandes amigos de viaje! ¿Conocéis algún sitio de alquiler de apartamentos?, ¡y me aportaron varias soluciones! Una de ellas la compartió una compañera extrajera, que en su estancia en Barcelona, le había dado muy buen resultado.

¿Pensáis que tenía que firmar un inmenso contrato confirmando una larga estancia y pagando una fortuna de antemano? No, no, no, mucho mejor… ¡se pueden alquilar por días! ¿Por días?, pregunté extrañado… ¡será carísimo!… pues me temo que otra creencia que tiré por la borda. Existen apartamentos que se alquilan por días, donde puedes ir sólo o con más personas, que tienen un precio mejor que algunos hoteles… ¡y en los que me siento como en casa!

Me encanta eso de llegar al apartamento por la noche… y decir eso de “hogar dulce hogar”. Sin duda, mi Mini Magnum sabe mucho mejor, y aunque todavía no sé si hay alguna vecina, como dirían, estoy… ¡cómo Pedro por su casa!