Estamos aprendiendo muchas cosas, o más bien recordando, porque todo estaba ya en nuestra cabecita. Primero observamos lo importante que es decir “me gusta” para apreciar las cosas buenas que nos rodean. Después desarrollamos nuestra humildad y aprendimos a decir “no lo sé”.

Ahora que valoramos lo que nos rodea y que somos conscientes de que otras personas pueden hacer las cosas mejor que nosotros… ¿qué tal si aprendemos a pedir que nos ayuden en algunas circunstancias? Tranquilo, por pedir ayuda no van a pensar que somos unos incompetentes, si lo piensan, no debería importarnos. El hecho de que queramos hacer mejor las cosas, y que para ello pidamos ayuda, nos hace mucho más profesionales y competentes.

Aprendamos a decir “ayúdame”. Tampoco hay que estar todo el día pretendiendo que los demás nos resuelvan la vida. En absoluto. Pero cuando hay algo que “me gusta”, y que “no lo sé hacer”, ¿qué hay de malo en preguntar “ayúdame” para saber cómo conseguirlo/tenerlo/hacerlo/…?

¿A qué esperas para dejar de aparentar? Sólo tienes que empezar a decir… “No he nacido sabiéndolo todo… ¡ayúdame!”

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