La queja es como una bendición, ya que nos permite crecer. Hay estudios que muestran que la mayoría de los clientes insatisfechos (salvo en situaciones de monopolio o de altas barreras de salida) no se quejan. O lo hacen a su manera: se van directamente a la competencia. Por tanto, aprendamos a quejarnos y a escuchar las quejas, porque es la manera de conseguir avances en nuestro entorno.
Ahora bien, de la queja a la memez -una queja sin motivo o sin sentido común, formar una queja (según la R.A.E.), o como en algunas culturas se entiende como una pavada, bobada, o boludez- hay sólo una pequeña línea divisoria que mucha gente acostumbra a pasar por inercia. Una empresa, organización o persona que no escuche y analice las quejas con sus sugerencias, haciendo simplemente oídos sordos a las reclamaciones, acaban tropezando con la misma pierda.
Aquí tienen un pequeño decálogo para distinguir la queja de la memez que muestro en mis talleres:
- La queja se argumenta y se indica qué cosas se deberían hacer o decir distintas. La memez no.
- La queja indica rápidamente la norma, artículo, o regla que se está rompiendo. La memez no.
- La queja se fundamenta y se aplica con referencias de casos parecidos. La memez no.
- La queja evita adjetivos calificativos que no sean cuantificables. La memez no.
- La queja requiere de inteligencia para su interpretación. La memez no.
- La queja es un requisito indispensable para el cambio. La memez no.
- La queja acepta la mediación para encontrar una solución. La memez no.
- La queja acepta que se puede haber equivocado por haber realizado interpretaciones incorrectas. La memez no.
- La queja mueve a la acción. La memez no.
- La queja sirve para crecer desde el respeto. La memez no.
Ahora la pregunta para reflexionar, ¿te quejas o no paras de decir memeces sin sentido? Es tu elección.
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